jueves, 25 de abril de 2013

Adaptación Teatro


ACTO 1

Aparece EVA en escena sola, con ropa de hospital y sentaba en una cama, habla despacio, triste, recordando. De fondo las luces apagadas y ella alumbrada con una pequeña lampara. 

EVA/DAISY: Era una noche fría y lluviosa. Me sentía sola y triste encerrada en aquella habitación cuando decidí acercarme al baño y lo vi  ¿por qué no? No perdía nada y ganaba mucho. Nadie lloraría por mí, estaba sola con él… y todavía no valía nada. Lo hice si. Mi último recuerdo fueron unas paredes blancas y el ruido de zapatos de goma por el suelo, gente corriendo y gritos de palabras descifrables en latín. Pero tenía la imagen de ellos en mi cabeza, del bar Palace, de todo eso que me marcó. Marcó el como soy y el cómo veo las cosas, cómo veo a la gente. Antes pensaba que todos teníamos un lado bueno y solo hacia falta encontrarlo pero la realidad es diferente. 
(Cambia de tono, habla con odio, enfadada)
La vida deja de tener sentido cuando te sale todo mal, cuando te encuentras con personas horribles; ególatras, egoístas, indiferentes, insensibles… a veces nos pasa a quienes no lo merecemos. Esta es mi historia, esta soy yo.

El comedor, con sólidos muebles de la época, de una casa acomodada en un barrio residencial, propiedad de un próspero fabricantes. Se nota bienestar económico y un ambiente confortable. Muebles al fondo, mesa de comedor en el centro (Primer Acto) después se corre a un lado, chimenea (Segundo Acto) y mesa pequeña con un teléfono (Tercer Acto). Iluminación íntima y leve. 

Se alza el telón y la familia BIRLING está junto con GERALD sentados en la mesa. EDNA recoge la mesa (sin mantel) se lleva los platos, y las copas y va trayendo una botella de cristal de Oporto, una caja de puros y otra de cigarrillos. BIRLING convencido de su importancia, modales campechanos, manera de hablar provinciana. SRA. BIRLING es fría y se cree socialmente superior a todos. SHEILA es bonita y joven, alegre y emocionada con su compromiso. GERALD es un modelo de joven bien educado, agradable e inteligente; que ha visto mundo. ERIC es joven y es mitad tímido y mitad desafiante. Todos están alegres ahora. 




BIRLING: Saca el oporto Edna, estoy seguro de que te va a gustar Gerald.
EDNA: Claro señor, todo sea por un día especial.
GERALD: Seguro que me gustará.
SHEILA: Eso espero Gerald, no me gustaría que supieses todo lo que hay que saber de este vino.
BIRLING: Vamos Sybil, tienes que acompañarnos. Hoy es una ocasión especial.
SHEILA: Si mamá, bebe a nuestra salud
SRA. BIRLING: Vale, beberé pero un poco. (A Edna, que está a punto de salir con la bandeja.) Edna, la llamaré cuando queramos café, creo que en media hora.
EDNA: Sí, señora. ¿Desea usted que los vaya preparando para que estén listos? 
SRA. BIRLING: Si si.
EDNA:  ¿Donde desea que lo prepare? ¿En el salón donde siempre? Para así no molestar a los caballeros mientras se relajan.
BIRLING: ¡Fantástico Edna! Y por cierto; una cena excelente.
EDNA: Gracias señor, toda una tarde tiene su recompensa.
GERALD. (Cortésmente) De primera clase.
EDNA: Siempre intento agradar a los de la familia.
BIRLING: Muy bien dicho, dentro de poco vendrá más por aquí (Con tono burlón)
(Sale EDNA
SRA. BIRLING:  (A BIRLING) No eres tú quien tiene que decirlo...
BIRLING: No creo que a Gerald le moleste, lo trato como si fuese uno más.
GERALD: Insisto en ser uno más, hace tiempo que lo vengo intentando y lo sabes Sheila.
SRA. BIRLING: Claro que lo sabe.
SHEILA: Sí, pero en verano no supe nada de ti.
GERALD: Ya te lo dije, tenía mucho trabajo.
SHEILA: Eso es lo que tú dices.
SRA. BIRLING: Vamos Sheila, te tendrás que acostumbrar a ello, todos lo hacen.
SHEILA: (Tono de reproche.) No creo que me acostumbre así que ten cuidado Gerald.
GERALD: Claro que lo tendré.
SRA. BIRLING: Brindemos por la boda de mi hija.
BIRLING: Por supuesto, brindo para que la vida os traiga a ambos lo mejor.
SRA. BIRLING: Que seáis muy felices.
GERALD: Yo brindo por ti, Sheila.
SHEILA: Y yo por ti, Gerald.
GERALD: Quiero hacerte un regalo. (Saca un estuche) (SHEILA saca el anillo).
SHEILA: (Emocionada.) ¡Es maravilloso! Ahora si que me siento prometida.
 (Todos se alteran al ver el regalo, mientras Sheila no deja de mirarlo asombrada.)
BIRLING: (Muy alegre.) Estoy encantado con este compromiso. Espero que os caséis pronto.
SRA. BIRLING: No retengas demasiado a Gerald cariño, Eric quisiera hablar contigo.
 (Salen la SRA. BIRLING, SHEILA y ERIC. BIRLING y GERALD se sientan.)
BIRLING: Gerald se que tu madre no está de acuerdo con que te cases con mi hija ya que no somos una familia como la vuestra pero tengo que decirte que van a darme un titulo de caballero. No cuentes nada porque todavía no es seguro.
GERALD: Es una excelente noticia ¿pero ni siquiera a mi madre? Se va a alegrar…
BIRLING: Se lo puedes dar a entender.
 (Entra ERIC.)
ERIC: Mamá dice que no tardéis demasiado.
 (Se oye el sonido de la campanilla de la puerta. BIRLING interrumpe para escucha.)
 BIRLING: Edna saldrá a abrir. Gerald, la última copa de oporto e iremos a reunirnos con nuestras señoras.
 (Entra EDNA.)
EDNA: El señor tiene una visita, aunque algo extraña; un inspector.
BIRLING: ¿Un inspector?
EDNA: Un inspector de policía, señor. Lleva gabardina y gorro y pregunta por usted, dice que es importante.
BIRLING: No lo conozco, ¿Qué quiere?
EDNA: Si señor, dice que es serio, algo relacionado con un suicidio
BIRLING: Muy bien Edna, hazle pasar.

(Entra el INSPECTOR y sale EDNA, que cierra la puerta. El INSPECTOR no tiene que ser un hombre grande, pero su figura impone de inmediato, pues es un hombre resuelto y de sólida argumentación. Tiene unos cincuenta años y va vestido con un traje corriente de la época, de color oscuro. Se expresa cuidadosamente, con mesura y tiene la costumbre desconcertante de mirar muy fijamente a la persona a la que se dirige antes de empezar a hablar.)

INSPECTOR: ¿El señor Birling?
BIRLING: Si soy yo, siéntese inspector. Dígame que desea.
INSPECTOR: (Sentándose.) Necesito información sobre una mujer que ha fallecido en el hospital. Se ha envenenado.
BIRLING: No entiendo que tengo que ver yo con eso.
INSPECTOR: Se lo explicaré. La joven ha dejado un diario, la chica utilizaba varios nombres pero el verdadero era Eva Smith.
BIRLING: Me suena ese nombre pero no recuerdo de qué.
(Se asoma EDNA por la puerta repentinamente)
EDNA: ¿Ha dicho Eva Smith? Creo que reconozco ese nombre, creo que trabajaba para usted señor.
INSPECTOR: Sí, trabajó en su fábrica. Tengo una foto suya y quizás la recuerde.
 (El Inspector saca la foto, ERIC y GERALD quieren verla pero este se lo impide. Entre tanto, BIRLING reconoce a la joven.)
BIRLING: Ya me acuerdo, era una de mis empleadas pero la despedí hace casi 2 años. Es evidente que su suicidio no tiene nada que ver conmigo. (A EDNA) ¿Cómo te acordabas?
EDNA: Estuvo un tiempo mencionando su nombre en las comidas y se me grabó.
BIRLING: Bien, puede retirarse. (Sale EDNA
INSPECTOR: No estoy de acuerdo. Puede que el despido tenga algo que ver con su muerte.
BIRLING: De todos modos no es mi responsabilidad. Recuerdo que Eva era una chica bastante trabajadora, incluso pensamos en ascenderla pero de vuelta de las vacaciones las empleadas querían un aumento de sueldo. Me negué como es lógico.
INSPECTOR: ¿Por qué se negó?
BIRLING: Porque la empresa hubiese perdido mucho dinero. Nuestros salarios son normales y las dije que podía irse sino estaban de acuerdo, es un país libre.
ERIC: No lo es sino se encuentra trabajo.
BIRLING: No te metas en esto. Tras la huelga dejamos que se incorporasen al trabajo todas excepto las cabecillas del grupo entre ellas Eva Smith, que tuvo que irse.
GERALD: Hiciste lo correcto.
ERIC: No estoy de acuerdo. No debías dejarla de patitas en la calle.
BIRLING: No creo que haya nada más que contarle inspector. No tenemos nada que ver con esa chica. ¿Qué hizo ella después? ¿Se dedicó a la calle?
 (Entra Sheila.)
SHEILA: Mamá pregunta por qué no pasáis al salón.
BIRLING: Sheila, vuelve con tu madre.
INSPECTOR: Espere señorita Birling. Soy inspector de policía y esta tarde falleció en el hospital una joven tras beber desinfectante.
SHEILA: ¡Que horrible! ¿Tú tienes algo que ver en esto papá?
BIRLING: Solamente la despedí.
ERIC: Esa puede haber sido la causa.
SHEILA: No puedo dejar de pensar en esa pobre muchacha…
BIRLING: Usted no tiene nada más que hacer aquí.
INSPECTOR: ¿Esta seguro? No solo vengo aquí por usted.
BIRLING: ¿Insinúa que alguien más de los que están aquí sabe algo de esa chica?
INSPECTOR: Sí, eso creo.
GERALD: Yo no sé nada de Eva Smith, no me metáis en líos.
ERIC: Yo tampoco.
SHEILA: Jamás he oído ese nombre
INSPECTOR: Ya dije que esta mujer utilizaba varios nombres. Eva Smith se llamaba cuando Birling la despidió y después cambió su nombre.
SHEILA: ¿Qué la pasó después?
INSPECTOR: Entró a trabajar en una de las mejores tiendas llamada Milwards.
SHEILA: ¡Milwards! nosotras solemos ir a allí, es más, hemos ido esta tarde.
INSPECTOR: Al poco después de haber encajado en la tienda sin problemas la despidieron, una clienta se había quejado.
SHEILA: (Nerviosa) ¿Cuándo fue eso?
INSPECTOR: A finales de enero del año pasado.
SHEILA: ¿Qué aspecto tenía la chica?
 (El Inspector saca una fotografía de su bolsillo, Sheila la mira y la reconoce con un grito) (El inspector vuelve a guardarla)
BIRLING: ¿Qué le pasa?
ERIC: Ha reconocido a la chica.
BIRLING: ¿Qué es lo que se propone disgustando a mi hija de esa manera?
INSPECTOR: No he sido yo. Se ha disgustado ella sola.
BIRLING: Pero… ¿por qué?
INSPECTOR: Es algo que todavía tengo que averiguar.
BIRLING: (Muy enfadado.) Sino le importa me enteraré yo primero.
GERALD: Voy a buscarla…
BIRLING: (Levantándose.) Déjame a mí. ¡Estábamos celebrando una agradable fiesta familiar y mire usted en que la ha convertido!
INSPECTOR: Eso pensaba yo en el hospital cuando contemplaba el cuerpo sin vida de Eva Smith.
 (Birling sale cerrando la puerta bruscamente.)
GERALD: Me gustaría echar una ojeada a la fotografía.
INSPECTOR: Todo a su tiempo.
GERALD: No veo por qué…
INSPECTOR: (Interrumpiéndole.) Ya ha oído lo que he dicho antes, señor Croft. Una línea de investigación cada vez.
ERIC: Perdone, he bebido un poco y será mejor que me retire.
INSPECTOR: Yo creo conveniente que se quede.
ERIC: ¿Por qué razón debería hacerlo?
INSPECTOR: Si se retira, quizás tenga que volver más tarde.
GERALD: ¿No está siendo muy estricto inspector?
INSPECTOR: Es posible.
GERALD: Somos ciudadanos respetables, no delincuentes.
INSPECTOR: En ocasiones no hay tanta diferencia entre ellos…
 (Reaparece SHEILA y al parecer a estado llorando.)
INSPECTOR: ¿Y bien señorita Birling?
SHEILA: Sabía usted desde el principio que se trataba de mi ¿verdad?
INSPECTOR: Lo supuse por algo que la muchacha dejó escrito.
SHEILA: Me sentí muy mal cuando sucedió y ahora me siento aún peor. ¿Fue muy importante para ella?
INSPECTOR: No volvió a conseguir ningún otro empleo fijo. Cuando lo perdió sin que se le diese ninguna explicación razonable decidió probar otra clase de vida.
SHEILA: Entonces soy yo la responsable…
INSPECTOR: No del todo. Le pasaron muchas otras cosas pero usted tiene parte de culpa en su muerte al igual que su padre.
ERIC: Pero, ¿qué hizo Sheila?
SHEILA: Fui a hablar con el gerente de Milwards y le advertí que sino despedían a esa chica no volvería por la tienda y convencería a mamá de cerrar nuestra cuenta allí.
INSPECTOR: ¿Qué hizo esa chica para enfadarla tanto?
SHEILA: Cuando me estaba mirando al espejo la vi sonreír a la dependienta y me enfurecí. De todos modos, estaba de mal humor.
INSPECTOR: ¿Fue culpa de la muchacha?
SHEILA: No, fui yo quien tuvo la culpa. Entré en la tienda para probarme algo y mi madre y la dependienta opinaban que no me sentaba bien. Yo insistí y al ver que no se equivocaban me enfade y envidié que a la dependienta le quedase precioso cuando se lo puso por encima. Ella era una mujer muy bonita con un cuerpo adecuado para el traje y cuando me percaté de que sonreía me lo tomé como un insulto. Reconozco que mi comportamiento fue muy grosero pero no sentí lástima por ella en esos momentos.
INSPECTOR: Tuvo usted celos de ella.
SHEILA: Supongo que fue eso.
INSPECTOR: Utilizó su poder para castigar a la chica por haberse sentido de aquella forma.
SHEILA: Sí, pero en entonces no me pareció algo tan terrible. Si ahora pudiese ayudarla…
INSPECTOR: (Enfadado.) Pero no puede. Es demasiado tarde porque ha muerto.
ERIC: Fuiste demasiado cruel, si te pones a pensarlo…
SHEILA: ¿Quieres callarte la boca Eric? Es la única vez que he hecho algo así y nunca volverá a repetirse. Siento que no podré volver nunca a comprar allí.
INSPECTOR: Quiero quedarme aquí hasta que averigüe todo lo sucedido. Eva Smith perdió su empleo con Birling por una huelga, encontró otro y usted se lo arrebató por envidia y más tarde intentó algo diferente. Primero pasó a llamarse Daisy Renton…
 GERALD: (Sorprendido.) ¿Cómo?
INSPECTOR: Repito que pasó a llamarse Daisy Renton…
GERALD: (Nervioso.) ¿Te importa que me sirva una copa Sheila?
 (SHEILA hace un gesto con la cabeza sin dejar de mirarlo, mientras él se dirige a la vitrina de las bebidas para servirse un whisky.)
INSPECTOR: ¿Dónde se encuentra su padre, señorita Birling?
SHEILA: Fue al salón para contarle a mi madre lo sucedido. Eric, acompaña al inspector al salón.
 (Mientras el Inspector se aleja no le quita ojo a SHEILA y GERALD.)
 SHEILA: ¿No tienes nada que contarme Gerald?
GERALD: (Con una sonrisa nerviosa) ¿Qué quieres que te diga?
SHEILA: ¿Cómo conociste a Eva Smith?
GERALD: No la conocí. ¿Por qué tendría que conocerla?
SHEILA: No seas hipócrita. Te has puesto en evidencia en cuanto el inspector ha mencionado su otro nombre…
GERALD: Está bien, la conocí. Dejémoslo en eso.
SHEILA: No podemos dejarlo.
GERALD: Escucha, cariño…
SHEILA: No. La conociste muy bien y quiero saber como. ¿Fue cuando se cambió el nombre y comenzó una vida diferente? ¿Te estuviste viendo con ella durante el verano pasado, en el tiempo que estabas muy ocupado y que apenas supe de ti?
GERALD: Lo siento Sheila. Todo terminó el verano pasado. Hace varios meses que no he vuelto a saber de ella. No tengo nada que ver con el suicidio.
SHEILA: Eso mismo es lo que yo pensaba hace un rato.
GERALD: Tú tampoco tienes nada que ver. Ninguno de nosotros ¿vale? No le digas nada al inspector.
SHEILA: ¿Sobre esa chica y tú?
GERALD: Si. Podemos evitar que lo sepa.
SHEILA: (Ríe de manera histérica.) ¿No te das cuenta de que ya lo sabe? No seas estúpido. Me aterra pensar en las cosas de las que está enterado y que nosotros mismos ignoramos. Ya verás…
 (Lo mira con una expresión altiva. GERALD parece hundido. La puerta comienza a abrirse y aparece el INSPECTOR mirándolos sospechosamente.)
 INSPECTOR: ¿Y bien?



ACTO 2  

Al levantarse el telón la escena y la situación son exactamente las mismas que al final del primer acto. El INSPECTOR se queda unos instantes parado, mirando a SHEILA y a GERALD. Luego se adelanta hacia el proscenio, dejando la puerta abierta.

INSPECTOR: (A GERALD) ¿Y bien?
SHEILA: (Riendo se dirige a GERALD) ¿Qué te había dicho?
GERALD: (Con dificultad) Inspector, creo que no es necesario que la señorita Birling siga aquí. Hoy estábamos celebrando nuestro compromiso, y a estas alturas, me temo que ha llegado al límite de su resistencia. 
SHEILA: Quiere decir que me estoy poniendo histérica.
INSPECTOR: Bien, no hace falta que siga aquí. No tengo que preguntarla nada más.
SHEILA: A mí, no. Pero ¿ha terminado con los demás?
INSPECTOR: No, no he terminado aún.
SHEILA: (A GERALD) ¿Lo ves? (al INSPECTOR) Me quedo.
GERALD: ¿Para qué te vas a quedar? Será desagradable y molesto.
(Entra EDNA)
EDNA: ¿Desean alguna cosa antes de mi descanso?
SHEILA: Hmmm no, vayase ya. (Vuelve a salir de escena)
INSPECTOR: Y usted cree que debe proteger a las jóvenes de las cosas así.
GERALD: Si es posible, sí.
INSPECTOR: Bien, sabemos de una joven con la que no se tomaron tantas precauciones, ¿recuerda?
GERALD: Supongo que me lo he merecido.
SHEILA: Pues ten cuidado, no vayas a merecerte aún más, Gerald.
GERALD: Sólo te quería decir que para que quedarte si vas a lamentarlo después.
INSPECTOR: (a GERALD) Le puedo explicar por qué la señorita Birling quiere quedarse. Esta noche ha muerto una muchacha. Una chica bonita y alegre que nunca había echo daño a nadie. La señorita Birling acaba de percatarse de lo que le hizo a esa muchacha. Se siente responsable. Y si ahora se marcha, creerá que la culpa es toda suya, se quedara sola con su responsabilidad durante el resto de la noche, y la noche siguiente…
SHEILA: Sí, eso es. Se que soy culpable… y lo siento con toda el alma…, pero no puedo creer…., que al final se haya suicidado únicamente por culpa mía. Eso seria demasiado horrible….
INSPECTOR: Como ven, tenemos que compartir algo. Y si no nos queda otra cosa, tendremos que compartir nuestra culpa.
SHEILA: (Mirándolo fijamente) Si. Eso es cierto. Usted lo sabe.

(La contempla tranquilo mientras ella lo mira asombrada y dubitativa. A continuación entra la señora Birling, con paso decidido y segura de si misma, totalmente ajena a la breve escena que acaba de tener lugar. SHEILA lo advierte de inmediato)

SRA. BIRLING. Buenas noches Inspector.
INSPECTOR. Buenas noches señora.
SRA. BIRLING. Soy la señora Birling como ya sabe. Mi marido me ha explicado  por qué esta usted aquí, y aunque  contrastaremos con mucho gusto a sus preguntas, me parece que no podremos serle de mucha ayuda.
SHEILA. Temo que puedas decir o hacer algo de lo que tengas que arrepentirte luego.
SR.BIRLING. No se de que me estas hablando hija
SHEILA. Todos hemos empezado así… muy confiados, muy satisfechos de nosotros mismos hasta que el inspector ha iniciado las preguntas.
(La SRA. BIRLING mira primero a SHEILA y después al INSPECTOR)
SRA. BIRLING. Pareces cansada cariño. Creo que deberías acostarte… y olvidar esta historia absurda. Mañana te sentirás mejor.
SHEILA. No me puedo ir mama. Voy a quedarme hasta que sepa por que se ha suicidado la muchacha
SRA. BIRLING. Haz el favor de no contradecirme. Y de todos modos, no creo ni por un momento que podamos entender por que se ha suicidado esa chica. Las de su clase…
SHEILA. No debes tratar de construir una especie de barrera entre esa chica y nosotros, y si lo haces, ya se encargara el Inspector de derribarla
SRA.BIRLING. No te entiendo (al INSPECTOR) ¿usted la entiende?
INSPECTOR. Si y tiene razón
SRA.BIRLING. Eso en mi opinión, es un tanto impertinente inspector (dándose bastante importancia) no se me oculta que quizá tiene usted que realizar una investigación, pero debo decir que hasta ahora me parece que la lleva a cabo de un modo ofensivo. Sin duda no ignora que mi marido era alcalde hace  tan solo dos años y que sigue siendo magistrado…
GERALD. Sra. Birling, el Inspector sabe todo eso. Y no me parece que sea una buena idea recordarlo.
INSPECTOR. Por cierto, ¿donde esta el Sr. Birling?
SRA.BIRLING. Volverá dentro de un momento. Esta hablando con mi hijo Eric, que parece absurdamente excitado
INSPECTOR. ¿Que le sucede?
SRA.BIRLING. Me parece que Eric quizás haya bebido un poco mas de la cuenta. Hemos estado celebrando.
INSPECTOR. (Interrumpiéndola) ¿No esta acostumbrado a beber?
SRA.BIRLING. No por supuesto que no. No es más que un niño
INSPECTOR. No es un joven, y algunos jóvenes beben demasiado.
SHEILA. Eric es uno de esos
SRA.BIRLING. ¡Sheila!
SHEILA. No quiero complicarle la vida al pobre Eric pero tenemos que dejarnos de estúpidos fingimientos. No sirve de nada decir que Eric no bebe. Lleva dos años bebiendo más de la cuenta
SRA.BIRLING. No es cierto tu lo conoces, Gerald… tienes que saber que no es verdad.
GERALD. Me parece que es verdad… he oído decir que bebe demasiado.
SRA.BIRLING. Y este es el momento que eliges para decírmelo (con amargura)
SHEILA. Si, claro que es verdad. A eso me refería cuando he dicho que no merece la pena levantar un muro que no tardara en ser derribado. Hace que sea más difícil soportarlo todo.
SRA.BIRLING. pero eres tu…, no es el inspector…, quien lo esta haciendo…
SHEILA. Si, pero ¿no lo entiendes? Todavía no ha empezado contigo.
SRA. BIRLING (Después de una pausa, reponiéndose) si es necesario contestare gustosamente a cualquier pregunta que el inspector quiera hacerme. Aunque, a decir verdad, no se nada de esa muchacha.
INSPECTOR. (Circunspecto) Ya veremos, Señora Birling.
(Entra Birling que cierra la puerta)
BIRLING. (Bastante acalorado y molesto) He intentado convencer a Eric para que se vaya a la cama, pero no quiere. Ahora dice que usted le ha dicho que se quede. ¿Es cierto?
INSPECTOR. Se lo he dicho, si. Quiero hablar con el.
BIRLING. No veo el motivo, pero si no hay mas remedio, le sugiero que sea ahora.
INSPECTOR. No; todavía no. Lo siento, pero va a tener que esperar a su turno.
BIRLING. (Con enojo) inspector, ya se lo he dicho antes. No me gusta su tono ni su manera de llevar esta investigación.
SRA.BIRLING. (con cólera repentina, al INSPECTOR) Bien, empecemos, ¿Qué es lo que quiere saber?
INSPECTOR. (Fríamente) El año pasado, a finales de enero, esa muchacha, Eva Smith, tuvo que dejar Milwards porque la señorita Birling obligo a la dirección y a ponerla en la calle. Entonces dejo de ser la Eva Smith que buscaba empleo para convertirse en Daisy Renton, pero con otras ideas en la cabeza. (Volviéndose bruscamente hacia Gerald) Señor Croft ¿Cuándo la conoció usted?
(Una exclamación de sorpresa escapa de los labios del Señor y la Señora Birling)
GERALD. ¿De donde has sacado la idea de que yo la conocía?
INSPECTOR. Al mencionar yo el nombre de Daisy Renton, quedó bastante claro, por su reacción que la conocía. Se descubrió usted al instante.
GERALD. Está bien, ya que no queda otro remedio…La conocí en marzo del año pasado, en el bar del Palace. Me refiero al teatro de variedades aquí en Brumley…
GERALD. (A SHEILA) ¿Por qué demonios no desapareces y te lo evitas?
SHEILA. No. Quiero saber qué sucede exactamente cuando un hombre dice que está tan ocupado en su fábrica que nunca encuentra tiempo para venir a ver a la chica de la que ene teoría está enamorado. No me lo perdería…
INSPECTOR. (Con autoridad) Muy bien, señor Croft; en el bar del teatro de variedades…
GERALD. Una noche, entré a echar un vistazo, y como el espectáculo no tenia nada especial bajé a tomarme una copa al bar, frecuentado por las mujeres de la vida…
INSPECTOR. (Cortante) Señor Croft ¿qué sucedió?
GERALD. No tenía intención de quedarme mucho, aborrezco a esas mujeres de mirada dura pero me fijé en una muchacha diferente. Muy bonita, de pelo castaño suave y grandes ojos oscuros. Parecía joven y sana, encantadora y completamente fuera de lugar. Estaba claro que no se divertía, el viejo Joe Meggarty, medio borracho, la había arrinconado con ese corpachón suyo tan gordo y tan obsceno…
SRA. BIRLING. (Interviniendo) No hay necesidad de entrar en detalles desagradables. Y sin duda no es posible que te refieras a Meggarty, el concejal.
GERALD. Claro que hablo de él. Es un mujeriego, además de uno de los borrachos y sinvergüenzas de peor calaña de Brumley…
INSPECTOR. Efectivamente.
SRA. BIRLING. (Desconcertada) ¡Vaya! ¡Meggarty, el concejal! Pues es verdad que estamos aprendiendo algo esta noche…
SHEILA. (Con frialdad) Claro que sí. Pero todo el mundo sabe cómo se las gasta ese viejo repugnante.
BIRLING. (Cortante, escandalizado) ¡Sheila!
INSPECTOR. (A GERALD) Siga, por favor.
GERALD. La chica se dio cuenta de que la había visto y me lanzó una mirada que no era más que un grito de ayuda. De manera que me acerqué y le dije a Joe Meggarty alguna tontería…, que el gerente tenía un recado para él o algo parecido…, me lo quité de en medio… Luego le dije a la chica que me dejara sacarla de allí si no quería ser importunada de nuevo. Aceptó al instante.
INSPECTOR. ¿Adónde fueron?
GERALD. Seguimos hasta el hotel Country; sé que es un sitio tranquilo a esas horas de la noche. Bebimos una copa o dos y hablamos.
INSPECTOR. ¿Bebió mucho Daisy aquella vez?
GERALD. No. Solo tomó un oporto con limonada…, o alguna mezcla parecida. Solo quería hablar y un poco de compresión, creo que las insinuaciones de Joe Meggarty la habían deprimido bastante…, cosa bastante compresible…
INSPECTOR. ¿Habló de sí misma?
GERALD. Sí. Me contó que se llamaba Daisy Renton, que era huérfana de padre y madre, y que no había nacido en Brumley. También me contó que había trabajo en una de las fábricas de aquí, pero que tuvo que marcharse a raíz de una huelga. Y dijo algo de una tienda, pero sin dar nombres, y mostrándose  poco precisa sobre lo sucedido. No conseguí detalles sobre su vida pasada.
Quería hablar de sí misma pero al mismo tiempo quería seguir siendo Daisy Renton. Lo que si dejó traslucir fue que estaba muy mal de dinero y que pasaba hambre. Hice que la gente del County la trajera algo de comer...
INSPECTOR. Y entonces decidió mantenerla..., ¿en calidad de amante?
SHEILA. Era evidente desde el principio. Sigue adelante, Gerald.
GERALD. (Sereno) Descubrí, no aquella noche sino dos después, cuando nos vimos de nuevo, que no tenía literalmente un céntimo y que iban a echarla del miserable cuartucho donde vivía. Sucedió que un amigo mío, Charlie Brunswick, se había ido seis meses a Canadá dejándome la llave de un agradable apartamento en Morgan Terrace, con el encargo de vigilarlo un poco y permiso para utilizarlo. Insistí a Daisy para que se  mudara y le di algo de dinero para que pudiera defenderse allí. (Cuidadosamente al INSPECTOR) Quiero que entienda que no la instalé allí para hacerle el amor. La llevé a Morgan Terrace porque me daba pena y no quería que volviera al Palace. No la pedí nada a cambio.
INSPECTOR. Entiendo
SHEILA. Sí, pero ¿por qué se lo estás diciendo a él? Deberías decírmelo a mí.
GERALD. Supongo que sé. Lo siento, Sheila. Por algún motivo, me...
SHEILA. (Interviniendo, al verlo vacilar) Ya sé. Hay algo en él que te obliga a hacerlo.
INSPECTOR. ¿Pero llegó a ser su amante?
GERALD. Sí. Supongo que era inevitable. Una chica joven, bonita y afectuosa..., que me estaba muy agradecida. Me convertí de inmediato en la persona más importante de su vida..., ¿entiende?
INSPECTOR. Sí. Era mujer. Estaba sola. ¿Se enamoró usted de ella?
SHEILA. ¡Justo lo mismo que yo iba a preguntar! Se supone que estoy prometida con Gerald. Tengo derecho a saberlo. ¿Te enamoraste de ella, Gerald? 
GERALD. (Dubitativo) Es difícil decirlo. Yo no sentía por ella lo que sentía por mí. 
SHEILA. (Con marcado sarcasmo) Por supuesto que no. Tú eras el maravilloso Príncipe Azul. Debe de haberte halagado muchísimo, Gerald.
GERALD. De acuerdo..., me gustó durante algún tiempo.
SHEILA. Eso es probablemente lo mejor que has dicho en toda la noche. Por lo menos es honesto. ¿Ibas a verla todas las noches?
GERALD. No. No mentía del todo cuando te decía por entonces que estábamos muy ocupados en la fábrica. Era verdad que teníamos mucho trabajo, pero la veía bastante.
SRA. BIRLING. No creo que se necesiten más detalles.
SHEILA (Interrumpiéndola) Yo sí los necesito. Y, de todos modos, no se nos ha dado aún ni uno solo.
GERALD. Y no los vas a tener. (al INSPECTOR) ¿Hay algo más que quiera saber..., que necesite saber?
INSPECTOR. Sí. ¿Cuándo terminó esa relación?
GERALD. Se lo puedo decir con toda exactitud. Fue en la primera semana de septiembre. Tuve que ausentarme por espacio de varias semanas, cuestión de negocios, y para entonces Daisy sabía que lo nuestro se estaba acabando. De manera que rompí con ella definitivamente antes de marcharme. 
INSPECTOR. ¿Qué tal se lo tomó?
GERALD. Mejor de lo que yo esperaba. Me dijo que nunca había sido tan feliz..., pero que se daba cuenta de que no podía durar..., que no contaba con que durase. No me culpó de nada. Ahora..., ¡por Dios me gustaría que lo hubiera hecho! Quizás me sentiría mejor.
INSPECTOR. ¿Tuvo que dejar el apartamento?
GERALD. Sí, ya lo habíamos hablado. Del dinero que yo le pasaba ahorró algo durante el verano viviendo muy económicamente...No quería aceptar nada más, pero insistí en un regalo de despedida; dinero suficiente, sin ser una gran cantidad, para mantenerse hasta que acabara el año.
INSPECTOR. ¿Le explicó ella lo que se proponía hacer después?
GERALD. No quiso hablar de eso. Deduje que pensaba marcharse de Brumley. ¿Lo sabe usted?
INSPECTOR. Sí. Estuvo fuera unos dos meses.
GERALD. ¿Con alguien?
INSPECTOR. No. Creo que lo hizo para estar sola, tranquila, para recordar todo lo que había sucedido entre ustedes. Llevaba algo así como un diario. Y allí dejó escrito que quería marcharse y estar tranquila y recordar.
GERALD. (Con gesto grave) Entiendo. Bien, el caso es que no he vuelto a verla nunca, y eso es todo lo que puedo decirle.
INSPECTOR. Eso es todo lo que quería saber.
GERALD. En ese caso..., como este asunto me ha afectado..., me gustaría estar solo durante un rato. Le estaría muy agradecido si me permitiera marcharme.  Pasear…., durante un rato, si no le importa. Volveré.
INSPECTOR: De acuerdo, señor Croft.
SHEILA: Pero, por si acaso te olvidaras…, Gerald, creo que será mejor que te lleves esto.
(Le entrega el anillo de compromiso)
GERALD: Entiendo. La verdad es que me lo esperaba.
SHEILA: No me desagradas tanto como hace media hora, Gerald. Por alguna razón, creo que te respeto ahora mas que nunca. Sabía que me habías mentido acerca de todos aquellos meses del año pasado en los que apenas te vi. Ahora, al menos, has sido sincero. Y creo lo que has dicho sobre cómo la ayudaste al principio. Por compasión. Y fui yo quien tuvo la culpa de que estuviese tan desesperada cuando la conociste. Pero todo esto ha hecho que las cosas cambien. Tendremos que empezar desde el principio.
SRA. BIRLING: Bien, no sé qué decir, pero creo que estamos llegando al final de este asunto tan lamentable…
GERALD: Me parece que no, discúlpenme.
(Sale. Los demás lo ven marcharse en silencio. La puerta principal se cierra de un portazo)
SHEILA: (AL INSPECTOR) Ahora que lo pienso, no le ha enseñado usted la fotografía de la chica.
INSPECTOR: No, no hacía falta.
SRA BIRLING: ¿Tiene usted una fotografía de esa chica?
INSPECTOR: Si, y creo que será mejor que se la enseñe.
SRA. BIRLING: Muy bien.
(El inspector saca la fotografía y ella la examina atentamente)
INSPECTOR: (Guardando la fotografía) ¿La reconoce?
SRA. BIRLING: No
INSPECTOR: No me dice la verdad.
SRA. BIRLING: ¡Como se atreve!
BIRLING: (Muy enfadado, al Inspector) Escúcheme bien, esto no voy a consentirlo. Discúlpese ahora mismo.
INSPECTOR: ¿Por cumplir con mi deber?
BIRLING: No, por hacerlo de una manera ofensiva.
SHEILA: Carecemos de excusas para seguir dándonos tanta importancia, si tuviéramos un poco de sentido común, dejaríamos de hacerlo. Mi padre despidió a esa chica porque pidió un salario decente. Yo la empujé un poco más, hasta ponerla literalmente en la calle, porque estaba de mal humor y ella era bonita. Gerald la instaló como amante y luego la abandonó. Y ahora tú finges no reconocerla en esa fotografía. Pero estoy segura de que la has reconocido. Y si estás mintiendo, ¿Por qué tendría que disculparse el inspector? ¿Es que no os dais cuenta, los dos, de que solo estáis empeorando las cosas?
(Se vuelve. Se oye de nuevo el ruido de la puerta principal al cerrarse)
BIRLING: Otra vez la puerta.
INSPECTOR: Creo que su hijo acaba de marcharse.
BIRLING: Voy a ver.
(Sale deprisa. El inspector se vuelve hacia la SRA. BIRLING)
INSPECTOR: Señora Birling, ¿No es usted miembro destacado de la Organización Benéfica Femenina de Brumley?
SHEILA: Si que lo es. ¿Por qué?
INSPECTOR: Se trata de una organización a la que mujeres en apuros pueden pedir ayuda de diversas maneras, ¿me equivoco?
SRA BIRLING: No se equivoca. Hemos hecho mucho para ayudar a las clases necesitadas.
INSPECTOR: Hace dos semanas, ¿no se celebró una reunión del comité seleccionador?
SRA BIRLING: Si. ¿Qué tiene eso que ver con usted?
(Entra Birling, bastante agitado)
BIRLING: Tiene que haber sido Eric el que se ha marchado.
SRA BIRLING: ¿A dónde puede haber ido?
BIRLING: No sabría decirte. Pero estaba muy excitado y de un humor extraño, como le pasa a veces, y, aunque aquí no lo necesitamos…
INSPECTOR: Sí lo necesitamos. Y si no vuelve pronto, tendré que salir a buscarlo.
(BIRLING Y SRA BIRLING cruzan miradas de desconcierto y aprensión)
SHEILA: Probablemente sólo ha salido para tranquilizarse un poco. Volverá pronto.
INSPECTOR: Recordará usted que el señor Croft nos ha contado, y creo que es verdad, que no ha visto a Eva Smith ni ha hablado con ella desde septiembre pasado. La señora Birling, en cambio, la vio y haló con ella hace dos semanas.
SHEILA: (Asombrada) ¡Mamá!
BIRLING: ¿Es eso cierto?
SRA BIRLING: Si, totalmente cierto.
INSPECTOR: ¿Fue a pedir ayuda a su organización?
SRA BIRLING: Si.
INSPECTOR: ¿Con que nombre?
SRA BIRLING: Primero se hizo llamar SRA BIRLING. En mi opinión no fue más que una increíble demostración de impertinencia, totalmente deliberada, y, como es lógico, esa fue una de las cosas que me predispusieron en su contra.
BIRLING: ¡Cómo podía ser menos! ¡Vaya desvergüenza!
INSPECTOR: ¿Admite que estaba predispuesta en contra suya?
SRA BIRLING: Si.
INSPECTOR: ¿Es cierto que le denegó la ayuda porque usted se opuso, señora Birling, y era el miembro con más autoridad del comité?
SRA BIRLING: Si, fui yo. No me gustó su actitud. Utilizó nuestro apellido de la manera más impertinente, aunque luego se retractó, con la excusa de que fue el primero que se le pasó por la cabeza. Tuvo que admitir, después de que yo empezase a interrogarla, que no tenía derecho a utilizarlo, que no estaba casada, y que la primera historia que contó, sobre el marido que la había abandonado, era totalmente falsa. No me costó mucho sacarle la verdad, o parte de la verdad.
INSPECTOR: ¿Por qué quería que se la ayudara?
SRA BIRLING: No creo que sea necesario hablar de ello. La chica pidió ayuda. A nuestro comité se le pide que examine cuidadosamente las solicitudes que se les presentan. No me satisfizo la de esa muchacha porque no me apreció un caso convincente, y utilicé mi influencia para que se le denegara la ayuda. Y, pese a lo que le ha sucedido después, creo que cumplí con mi deber.
INSPECTOR: Pues yo creo que usted obró mal y que pasará el resto de su vida lamentándolo. Solicitó ayuda del comité porque iba a tener un hijo.
BIRLING: No irá usted a decir que Gerald Croft…
INSPECTOR: No, no. Esto no tiene nada que ver con él.
SHEILA: ¡Gracias a Dios!
INSPECTOR: La muchacha acudió a usted en busca de ayuda, en un momento en que ninguna mujer podía necesitarla más. Y usted no sólo se la negó sino que se ocupó de que los demás se la negaran. Estaba sola, son amigos, prácticamente sin un céntimo, desesperada. No necesitaba sólo dinero, sino consejos, simpatía, amabilidad. Usted ha tenido hijos. Tiene que haber sabido lo que sentía. Y le dio con la puerta en las narices.
SHEILA: Mamá, creo que fue una crueldad y una vileza.
BIRLING: Permíteme que te diga, Sybil, que cuando esto aparezca en el informe, no nos beneficiará mucho. La prensa podrá fácilmente…
SRA BIRLING: Ya está bien. Hacedme el favor de recordar que no fui yo quien la dejo sin empleo, que eso, probablemente fue el principio de todo. (volviéndose al Inspector) Dadas las circunstancias creo que lo que hice estuvo justificado. La chica había empezado por contarnos una sarta de mentiras. Después, cuando le saqué la verdad, descubrí que sabía perfectamente quién era el padre, de manera que insistí en que era asunto suyo que se responsabilizara. Si se negaba a casarse, aunque en mi opinión habría que obligarlo, debía al menos mantenerla. Consiguió agotarme la paciencia. Se daba una importancia ridícula. Pretendía tener unos sentimientos sumamente delicados y sutiles y unos escrúpulos totalmente absurdos para una mujer en su posición.
INSPECTOR: Ahora su posición es estar tumbada con las entrañas quemadas sobre una mesa de mármol. (Cuando Birling intenta protestar, se vuelve hacia él) Deje de tartamudear y de lloriquearme, ¿se entera? Van a acabar con mi paciencia. ¿Qué fue lo que dijo?
SRA BIRLING: Dijo que el padre no era más que un jovencito…, un chico un poco tonto e insensato que bebía demasiado. Que no cabía pensar en casarse con él…, sería una equivocación para los dos. El muchacho le había dado dinero, pero ella no quería aceptar mas.
INSPECTOR: ¿Por qué no quería ese dinero?
SRA BIRLING: La historia era…, que una noche, cuando estaba borracho, le dijo algo que le hizo suponer que el dinero no era suyo.
INSPECTOR: ¿De dónde lo había sacado entonces?
SRA BIRLING: Lo había robado.
INSPECTOR: ¿De manera que fue a pedirle ayuda a usted porque no quería aceptar dinero robado?
SRA BIRLING: Ésa fue la historia que contó al final, después de que yo me negara a creer la primera, no vi ninguna razón para creer que una historia fuese mas cierta que la otra. De manera que está usted muy equivocado si cree que voy a tener que lamentarlo.
INSPECTOR: Pero si la historia era verídica, si el muchacho le daba dinero robado, la chica acudió a usted porque quería evitarle más problemas, ¿no es eso?
SRA BIRLING: Es posible. Y estaba perfectamente justificado que aconsejara al comité rechazar su solicitud de ayuda.
INSPECTOR: ¿Ni siquiera lo siente ahora, cuando sabe lo que le ha sucedido a la muchacha?
SRA BIRLING: Siento que haya tenido un final tan horrible. Pero no me considero culpable en absoluto.
INSPECTOR: ¿A quién hay que culpar entonces?
SRA BIRLING: En primer lugar, a la muchacha misma. En segundo lugar, al joven que iba a ser el padre. Si, como contó, no pertenecía a su misma clase social, y no era más que un vago y un borracho, todavía más motivos para no dejarlo escapar. Debe dársele un castigo ejemplar.
INSPECTOR: Y si su historia es cierta… si robaba dinero…
SRA BIRLING: En ese caso es enteramente responsable…, porque la muchacha no hubiera acudido a nosotros y no se le negado la ayuda de no ser por él…
INSPECTOR: De manera que, en cualquier caso, él es el principal culpable.
SRA BIRLING: Ciertamente. Y se le debe tratar con la mayor severidad… Y si usted adopta las medidas necesarias para encontrar a ese joven y asegurarse de que se le obliga a confesar en público su responsabilidad…, entonces estaría usted cumpliendo realmente con su deber.
INSPECTOR: No se preocupe, señora Birling. Cumpliré con mi deber. (Mira su reloj)
SRA BIRLING: Me alegro de oírlo.
INSPECTOR: Nada de echar tierra sobre el asunto ¿eh? Un castigo ejemplar, ¿no es eso? Pública confesión de responsabilidad… ¿umm?
SRA BIRLING: En efecto. Creo que es su deber. Y ahora, sin duda, no tendrá inconveniente en darnos definitivamente las buenas noches.
INSPECTOR: Todavía no. Estoy esperando.
SRA BIRLING: ¿Esperando qué? (En tono alto) ¡Edna, Edna! 
(Entra EDNA algo agitada
EDNA: Si señora, ¿desea algo?
SRA. BIRLING: Tráenos unos cafés para poder asumir esto. (Sale EDNA)
INSPECTOR: Cumplir con mi deber.
SHEILA: ¿Es que no te haces cargo, mamá?
SRA BIRLING: Pero sin duda… quiero decir…, es ridículo…
(Deja de hablar e intercambia con su marido una mirada de temor)
BIRLING: Oiga, inspector, ¿trata de decirnos que…, que mi chico…, está mezclado en esto…?
INSPECTOR: Si lo está, ya sabemos lo que tenemos que hacer, ¿no es cierto? La señora Birling acaba de decírnoslo.
BIRLING: (Atónito) ¡cielo santo! Pero…, escuche…
SRA BIRLING: (agitada) No lo puedo creer. Nunca lo creeré…
SHEILA: Mamá… Te he suplicado una y otra vez que no siguieras…
(El inspector levanta una mano. Oímos la puerta principal. Todos esperan, mirando hacia la puerta del comedor. ERIC, sumamente pálido y angustiado, se encuentra, al entrar, con sus miradas inquisitivas. Aparece EDNA con los cafés pedidos. Cae el telón)

ACTO 3

La escena, exactamente como al final del segundo acto. ERIC acaba de entrar en el comedor y los demás lo miran. EDNA posa los cafés en la mesa del centro y escucha desde una esquina. 

SRA. BIRLING: (Angustiada). No lo puedo creer, Eric. Tiene que haber alguna equivocación. No sabes de qué estábamos hablando.
SHEILA: Más vale no saberlo.
ERIC: ¿Por qué?
SHEILA: Porque mamá ha estado muy ocupada culpando al joven que dejó embarazada a la chica y diciendo que no debe escapar sin un castigo…
ERIC: (Con amargura). No me lo has puesto nada fácil, ¿eh mamá?
SRA. BIRLING: Pero yo no sabía que eras tú... Deja de emborracharte.
ERIC: Se lo has dicho tu no, Sheila?  ¡Eres una soplona!
SHEILA: Podría habérselo dicho hace meses, pero no lo hice. Se lo he contado hoy porque sabía que todo iba a salir a relucir... era mejor que lo supiera de antemano.
INSPECTOR: (Interrumpiéndole con suavidad). Van a tener tiempo de sobra para pensar cuando me haya ido.
BIRLING: Ahora entiendo muchas cosas que antes no entendía.
INSPECTOR: Eric, cuando conociste a esa muchacha?
ERIC: Una noche del pasado noviembre.
INSPECTOR: ¿Dónde?
ERIC: En el bar del Palace.
INSPECTOR: ¿Qué paso entonces?
ERIC: Empecé a hablar con ella y la invite a unas copas.
INSPECTOR: ¿Por qué había ido al bar del Palace?
ERIC: bueno…supongo que no sabía qué hacer.
EDNA: (Interrumpiendo) Fue la noche que discutió con su padre, se marchó muy rápido y enojado, el señor le había reducido la paga y usted no se lo tomo muy bien...
INSPECTOR: Entiendo bien. ¿Fue usted al sitio donde se alojaba?
ERIC: Sí  y fue entonces cuando sucedió.
SRA. BIRLING: ¡Eric! ¿Cómo pudiste?
BIRLING: Sheila, lleva tu madre al salón..., acompáñalas Edna. 
(Se adelanta para abrir la puerta y espera a que EDNA y SHEILA salgan con su madre y vuelve a cerrarla.)
INSPECTOR: ¿Cuándo volvió a verla?
ERIC: Unas dos semanas después la vi en el bar del Palace.
INSPECTOR: ¿A tomar unas copas de nuevo? Y también ¿Volvió a acompañarla a su casa?
ERIC: Sí, me contó algunas cosas y yo también hable.
INSPECTOR: ¿Y volvieron a hacer el amor?
ERIC: Si, me gustaba.
BIRLING: Así que te acostaste con ella.
INSPECTOR: (Muy cortante) Arréglenlo después. ¿Quedaron en seguirse viendo?
ERIC: Si, y es cuando me dijo que estaba embarazada.
INSPECTOR: ¿Sugirió ella que debíais de casarnos?
ERIC: No. Ella no quería que nos casáramos. Como no tenía trabajo insistí en darla lo suficiente dinero para que fuese tirando.
BIRLING: ¿De dónde sacaste el dinero?
ERIC: (Avergonzado) pues…de tu despacho...
INSPECTOR: ¿Quiere decir que robo dinero?
ERIC: No del todo, tenía la intención de devolverlo.
BIRLING: ¿Cómo pensabas devolverlo?
ERIC: Me las hubiera arreglado de algún modo.
BIRLING: ¿Por qué no acudiste a mí?
ERIC: Porque no eres un padre al que se puede acudir.
BIRLING: (Enojado) No me hables de ese modo.
INSPECTOR: (Interrumpiéndole). ¿La muchacha descubrió que el dinero que usted le daba era robado?
ERIC: (Avergonzado) Si y no quiso aceptar más, ni tampoco volver a verme. ¿Se lo dijo ella?
SHEILA: No, se lo dijo nuestra madre.
ERIC: ¿Te lo dijo a ti? Pero es imposible, no sabía dónde vivo.
INSPECTOR: Después de romper con usted acudió al comité al que pertenece su madre para pedir ayuda y ella se la negó.
ERIC: (A punto de perder el control) ¡La mataste tú!
SRA. BIRLING:(Muy angustiada ya) No…yo no lo sabía…
ERIC: (Casi amenazando) No entiendes nada. Nunca has entendido nada y ni siquiera lo has intentado.
BIRLING: ¿Es que has perdido completamente la cabeza, desgraciado?
INSPECTOR: ¡Basta! (De repente todos se inmovilizan, mirándolo) Cállense un momento y escuchen. Esta chica se ha suicidado y ha muerto porque todos ustedes han contribuido a matarla. Recuérdenlo. Recuerde lo que hizo señora Birling se negó a ayudarla cuando más lo necesitaba. Tu Eric la utilizaste para acabar una estúpida noche de borrachera, como si fuese un animal, un objeto, no una persona.
SHEILA: Yo hice que la echaran del empleo. Yo lo provoqué todo.
INSPECTOR: Usted solo colaboró... (Agresivo a BIRLING) Usted fue el causante, esa chica quería veinticinco chelines a la semana en lugar de veintidós con seis.
BIRLING: (Entristecido) Ahora daría miles...
INSPECTOR: Ofrece dinero cuando ya no hace falta…(Hace un gesto, como para dar por  terminada la sesión , posiblemente cerrando la libreta que maneja.)  No, no creo que ninguno de ustedes lo olvidé. Ni tampoco ese joven Croft, pero el al menos sintió cierto afecto por ella y la hizo feliz durante algún tiempo. Bien, Eva Smith se ha ido. Pero recuerden esto, somos responsables los unos de los otros y les digo que pronto llegara el tiempo en que, si los hombres no aprenden la lección, se les enseñara con el fuego, la sangre y el sufrimiento. Buenas noches.
(Sale sin hacer ninguna pausa, y los otros se quedan mirando asombrados. Sheila sigue llorando en silencio, La SRA. BIRLING se derrumba sobre la silla, ERIC cavila desesperado, BIRLING el único activo, escucha el ruido de la puerta principal al cerrarse.)
BIRLING: (Enfadado a ERIC) Tú eres el responsable de todo esto.
ERIC: No faltaba más
BIRLING: Si, no te das cuenta de lo que has hecho, ahora habrá un escándalo público.
ERIC: Bueno, ya no me importa
BIRLING: Al parecer todo te da igual, pero quizá te interese saber que hasta que devuelves hasta el último penique del dinero, trabajarás gratis.
SRA. BIRLING: (Recuperándose) Eric, estoy avergonzada de ti.
ERIC: Yo también me avergüenzo de vosotros.
SHEILA: La cuestión es que no parece que hayáis aprendido nada.
BIRLING: ¿No? estas completamente equivocada, cuando volví  la vista atrás pienso en lo que sentía mientras los 5 estábamos cenando…
ERIC: Si, y ¿Te acuerdas de lo que nos dijiste a Gerald y a mi después de la cena? Nos dijiste que un hombre tiene que abrirse su propio camino y cuidar de sus intereses, ¿Lo recuerdas? y a continuación entro el inspector,
SHEILA:(Repentinamente atenta) ¿Fue entonces cuando llego el inspector, después de que papa dijera eso?
ERIC: Si.
SHEILA: ¿Creéis qué era de verdad un inspector de policía?
BIRLING: Pues si no lo era, desde luego que no da lo mismo. Hay tanta diferencia como de la noche al día.
SHEILA: No es cierto, para mí no hay diferencia y tampoco debería haberla para vosotros. ¿No os días cuenta de que sí todo lo que ha salido a la luz esta noche es cierto, no importa demasiado quien haya hecho que lo confesemos? Tú despediste a esa chica y yo conseguí que la echaran de otro empleo, Gerald la tuvo de mantenida en una época, Eric ya sabemos lo que hizo y mama l cerro el corazón y le dio el empujón definitivo que acabo con ella. Pero no me ha parecido en ningún momento un inspector corriente y vulgar...
BIRLING: También yo lo he notado (a la SRA. BIRLING) ¿No te ha pasado a ti?
SRA. BIRLING: Tengo que decir que sus modales eran de lo más extraordinario…
SHEILA: Apenas le hemos dicho algo que no supiera de antemano. ¿No lo habéis notado?
BIRLING: Eso ni es nada. Disponía de un poquito de información, pero si no hubiéramos hablado tanto, habría tenido muy poco en que apoyarse.
SHEILA: El caso es que nos ha hecho confesar.
BIRLING: Lo cierto es que os habéis dejado engañar, os habéis dejado convencer hasta el punto de contarle todos vuestros asuntos privados.
ERIC: Yo no he notado que tú le hicieras frente.
BIRLING: No, porque tú ya habías reconocido que te llevaste el dinero del despacho. He sido un estúpido por no insistir en verme con a solas.
ERIC: Eso no hubiera servido de nada
SHEILA: Por supuesto que no.
SRA. BIRLING: Oyéndoos hablar, casi se diría que queréis ayudarlo a él en lugar de ayudarnos a nosotros. Ahora callaros para que vuestro padre pueda decidir qué es lo que debemos hacer. (Mira expectante a BIRLING)
BIRLING: Sí, claro… Dejarme pensar…(Mientras titubea se oye la campanilla de la puerta principal. Todos se miran alarmados). ¿Quién llama a la puerta?
(Aparece EDNA)
EDNA: Es el señor Croft, ha vuelto ya de su paseo y dice que trae algo importante que decir.
(Se presenta GERALD)
GERALD: Espero que no les importe que haya vuelto.
SRA. BIRLING: Por supuesto que no, Gerald
GERALD: Tenía una razón especial para volver. ¿Cuándo se marchó el inspector?
SHEILA: Hace sólo unos minutos. Nos ha hecho pasar a todos un mal rato…
GERALD: ¿Cómo se comportó?
SHEILA: De modo… sobrecogedor.
BIRLING: La verdad de una manera muy extraña y sospechosa. Tú sabes algo.
GERALD: Ese individuo no era de la policía. Eso es lo que he venido a decirles.
BIRLING: Has hecho averiguaciones ¿verdad?
GERALD: Sí. Calle abajo encontré a un sargento de la policía que conozco. Le he preguntado por el inspector Goole. Me ha asegurado que no hay en el cuerpo ningún inspector Goole.
BIRLING: ¡Un impostor!
SRA. BIRLING: ¿No dije yo, que no me cabía en la cabeza que un verdadero inspector de policía nos hablara de esa manera?
GERALD: Pues estaba en lo cierto. Se han reído de nosotros.
EDNA: Quizás tenía alguna razón importante señora.
(BIRLING muy enfadado se levanta)
SRA. BIRLING: ¿Qué vas a hacer?
BIRLING: Llamar al jefe de policía. Iba a hacerlo de todos modos. He tenido sospechas todo el tiempo. El señor Arthur Birling… Hola, Robert ¿me puede decir si tiene bajo su mando a un inspector apellidado Goole? Entiendo…, sí… eso zanja el asunto… buenas noches. No hay inspector Goole que valga, ese individuo no era inspector de policía.
SRA. BIRLING: He tenido esa impresión todo el tiempo. No hablaba como un policía.
BIRLING: Eso cambia las cosas.
GERALD: ¡Por supuesto!
EDNA: En realidad no, los hechos siguen siendo los mismos ¿no? 
SHEILA: (con amargura) Supongo que ahora todos somos personas estupendas, Edna tiene razón.
SRA. BIRLING:  (enfadada)  Edna no tiene derecho a hablar sobre esto.
BIRLING: Sheila, más vale que te calles.
(EDNA baja la cabeza disgustada
ERIC: Pero tiene razón.
BIRLING: (enojado) En tú caso si que más valdría que te callaras, si de verdad llega a ser un inspector y escucha tu confesión…
SRA. BIRLING: (con tono admonitorio) ¡Arthur cuidado!
BIRLING: (hablando con apresuramiento) sí, sí.
SHEILA: Ya ves, Gerald, es mejor que no conozcas el resto de nuestros delitos y sandeces.
GERALD: Me parece muy bien, no lo pretendía. (A BIRLING)  ¿Qué opinión le merece ahora todo este asunto?
BIRLING: Alguien preparó a ese individuo para que viniera a tomarnos el pelo. En esta ciudad mucha gente nos aborrece. Tendríamos que habernos dado cuenta desde el primer momento. En una situación normal creo yo lo hubiera hecho.
SRA. BIRLING: ¡Cómo me hubiera gustado recibirlo cuando llegó! Le hubiera hecho unas cuantas preguntas.
SHEILA: Eso dices ahora...
SRA. BIRLING: Soy la única que no ha cedido. Hemos de estudias este asunto y decidir si debemos hacer algo.
BIRLING: (totalmente de acuerdo) Ya hemos descubierto que ese individuo era un impostor y que hemos sido víctimas de un engaño.
GERALD: estoy convencido de que no.
BIRLING: (sumamente interesado) ¿Lo estás, eh? ¡Bien! (A Eric, que se muestra inquieto) Eric, siéntate.
ERIC: (malhumorado) Estoy bien.
BIRLING: Estás todo menos bien, y no hace falta que te quedes hay de pie como sí…
ERIC: ¿Como si qué?
BIRLING: como si no tuvieras nada que ver, si alguien está metido hasta el cuello en este asunto eres tú;  de manera que más vale que te lo tomes enserio.
ERIC: Si el problema es que me intereso demasiado.
SHEILA: También es ése mi problema.
BIRLING: Haced el favor de callaros. Dejádnoslo a nosotros. Las payasadas de ese individuo nos han crispado un poco, pero le hemos desenmascarado. Ahora es nuestro turno…
SEHILA: ¿nuestro turno..., de qué?
SRA. BIRLING: (cortante) De comportarnos como es debido.
ERIC: (Estallando) Ya estáis empezando a fingir que no ha pasado nada, la muchacha sigue muerta ¿no es cierto? Que yo sepa nadie le ha devuelto la vida.
Fuera quien fuese ese tipo, lo cierto es que yo hice lo que hice, y mamá hizo lo que hizo. Y los demás también lo hicisteis. Sigue siendo la misma historia sórdida y da igual contársela a un inspector que a cualquier persona. Yo sigo sintiendo lo mismo que antes y por eso me apetece sentarme y mantener una agradable conversación íntima.
SHEILA: Eric tiene toda la razón. Estáis empezando otra vez a fingir que no ha pasado nada.
BIRLING: No hacéis el menor esfuerzo por entender nuestra posición.
ERIC: (gritando) Yo lo que digo es que la chica está muerta y que hemos colaborado en su muerte… y eso es lo único que importa.
BIRLING: (gritando también y amenazando a ERIC) Y yo digo que o dejas de gritar o te vas (mirándolo con indignación pero hablando con tono repasado). De manera que cállate la boca si quieres seguir aquí.
ERIC: (calmándose, pero con amargura) Me tiene sin cuidado quedarme o marcharme.
BIRLING: Te quedarás para rendirme cuentas del dinero que has robado..,sí, y para devolverlo.
SHEILA: Eso tampoco le devolverá la vida a Eva Smith.
ERIC: Ni tampoco cambia el hecho de que todos hayamos ayudado a matarla.
GERALD: ¿estamos seguros de eso?
ERIC: Claro que lo estamos.
SHEILA: ¿Acaso vas a demostrarnos que no empleaste el verano en esa chica en lugar de venir a verme?
GERALD: Es cierto. Y lo siento Sheila.
SHEILA: Bueno, tengo que reconocer que has salido mejor librado que el resto. Lo dijo el inspector.
BIRLING: (enfadado) No era un inspector.
SHEILA: (acalorándose) Pues bien que nos a inspeccionado. Entre todos empujamos a esa chica al suicidio.
GERALD: ¿Nosotros? ¿Quién lo dice? Porque en mi opinión, las pruebas son poco concluyentes.
SEHILA: Claro que hay pruebas.
GERALD: No, no las hay. Un individuo se presenta aquí fingiendo ser inspector de policía. ¿Y que es lo que hace? Muy hábilmente nos fuerza a confesar que todos hemos intervenido en la vida de esa muchacha.
ERIC: Que es lo que ha pasado.
GERALD: Pero ¿cómo sabes que se trata de la misma persona?
ERIC: Todos hemos reconocido los hechos.
GERALD.: De acuerdo. Todos habéis reconocido algo relacionado con una chica. Pero, ¿cómo sabéis que era la misma? Fíjese en esto, señor Birling. Usted despide a una chica llamada Eva Smith. Lo ha olvidado, pero el falso inspector le muestra una fotografía y entonces la recuerda. ¿No es eso?
BIRLING: Sí, hasta ahí no tiene ninguna complicación. Pero después ¿qué?
GERALD: Después nuestro hombre, sabe que Sheila en una ocasión hizo que echaran a una chica que trabajaba en Milward, y nos dice que es la misma Eva Smith. A Sheila le enseña una fotografía que ella reconoce.
SHEILA: Sí. La misma fotografía.
GERALD: ¿cómo sabes que era la misma fotografía? ¿viste tú la que le enseñó a tu padre?
SHEILA: No, no la vi.
GERALD: ¿Vio tu padre la que el inspector te enseñó a ti?
SHEILA: No, no la vio.
GERALD: No tenemos pruebas de que fuese la misma fotografía y , en consecuencia, tampoco las tenemos de que fuera la misma muchacha. Ahora pasemos a mi caso. Yo no vi ninguna fotografía, recuérdenlo. Me atrapó cuando anunció de repente que esa chica se había cambiado de nombre y se hacía llamar Daisy Renton. Yo caí en la trampa porque había conocido a una Daisy Renton.
BIRLING: Y no nos dio la menor prueba de que Daisy Renton fuese realmente Eva Smith. Tan sólo su palabra, pero también nos dijo que era inspector de policía, y ahora sabemos que mintió. De manera que pudo haber mentido todo el tiempo.
GERALD: Claro que pudo. Vamos a ver, ¿qué pasó después de que yo marchara?
SRA. BIRLING: Yo estaba preocupada porque Eric había salido. Luego, dijo que yo había visto a Eva Smith hacía sólo dos semanas.
BIRLING: Esas fueron sus palabras.
SRA. BIRLING: Y como una estúpida dije que sí que la había visto.
BIRLING: Y yo ahora no entiendo por qué lo hiciste. ¿Dijo llamarse Eva Smith cuando fue a verte al comité?
SRA BIRLING: No, claro que no. Pero como estaba tan preocupada, le contesté como él quería que lo hiciera.
SHEILA: Pero, mamá, no olvides que antes te enseño una fotografía de la chica y que tú la reconociste al instante.
GERALD: ¿Vio alguien más esa fotografía?
SRA. BIRLING: No, sólo me la enseñó a mí.
GERALD: Entonces, ¿no se dan cuenta?, no hay ninguna prueba de que sea la misma persona. Pudo enseñarle la fotografía de cualquier chica que haya acudido al comité en busca de ayuda. Y, ¿cómo sabemos que era realmente Eva Smith o Daisy Renton?
BIRLING: Gerald tiene toda la razón. El tipo ese puede haber utilizado una fotografía distinta cada vez que sin que nosotros lo sepamos. Es posible que todos hayamos reconocido a chicas distintas.
GERALD: Exactamente. ¿Te pidió que identificaras alguna fotografía, Eric?
ERIC: No. Pero está claro que la chica que yo conocí es la misma que fue a visitar a mamá.
GERALD: ¿Por qué está claro?
ERIC: Dijo que necesitaba ayuda porque no quería aceptar más dinero robado. Y la chica que yo conocí me había dicho lo mismo.
GERALD: incluso eso puede no querer decir nada.
ERIC: no entiendo como puedes hablar así cuando hay una chica que va y se suicida. Quizá vosotros podáis quedar al margen sin problemas, pero yo no. Ni mamá tampoco. Nosotros la hemos machacado a conciencia.
BIRLING: Espera un momento. Esa entrevista con tu madre pudo haber sido otro engaño.
ERIC: (indignado) ¿cómo va a ser posible eso? La chica está muerta, ¿no es cierto?
GERALD: ¿Qué chica? Probablemente hablamos de chicas distintas.
ERIC: A mí eso no me importa. La que yo conocí ha muerto.
BIRLING: ¿La que tú conociste? ¿cómo lo sabes?
GERALD: Es cierto. ¿Quién nos asegura que se haya suicidado una chica?
BIRLING: Nosotros celebrábamos una pequeña fiesta y estamos de muy buen humor. Ahora bien, ese sujeto tiene que conseguir que le funcione el truco. Para eso, lo primero que hace es conmocionarnos de tal manera que luego nos dejemos avasallar sin decir esta boca es mía. Así que empieza de inmediato. Una muchacha se ha suicidado...
ERIC: ¡Ya basta!
BIRLING: (con tono triunfal) Ahí lo tienes ya, ¿es qué no lo entiendes? Se ha reído de nosotros ha conciencia.
ERIC: Por mi que se desternille…con tal de saber que ha sido un engaño.
BIRLING: Estoy convencido de que lo ha sido seguro que ni siquiera ha habido ningún suicidio.
GERALD: Podemos llamar al hospital y preguntar.
BIRLING: Va a parecer un poco incómodo llamar a estas horas de la noche..
GERALD: A mi no me importa hacerlo.
SRA. BIRLING: (Recalcando mucho las palabras) Y si no ha muerto…
GERALD: Lo sabremos enseguida. (Va a donde el teléfono y busca el número. Los demás lo contemplan en tensión) ¿El hospital? Mire soy Gerald Croft…, estamos preocupados una de nuestras empleadas creemos que ha ingresado esta tarde y nos han dicho que se ha suicidado bebiendo un desinfectante muy potente… (los demás manifestando sus nervios, BIRLING se limpia la frente, SHEILA se estremece, ERIC cierra y abre las manos...) ¿Está usted seguro?
Eso no ha sucedido… Vale muchas gracias, buenas noches, (Cuelga el teléfono y mira a los demás) Hoy no ha muerto nadie y menos por suicidio hace meses que no ocurre ninguno.
BIRLING: (con tono triunfal) Hay tenéis la prueba de que todo era mentira. Así que Gerald sírvete una copa.
GERALD: (sonriendo) No me vendrá mal gracias.
BIRLING: (dirigiéndose hacia el aparador) lo mismo digo.
SRA. BIRLING: (sonriendo también) Gerald estoy agradecida de que hayas descubierto el asunto con tanta inteligencia.
GERALD: (con la copa) es que como salí fuera pude tranquilizarme y pensar.
BIRLING: (con  otra copa y alzándola) Bien, por todos nosotros. Vamos Sheila anímate, ya ha pasado todo.
SHEILA: Ha pasado lo peor. Pero olvidáis que lo que dijimos sucedió de verdad. Y si no ha sido tragedia ha sido porque hemos tenido suerte. Pero podía haber terminado en tragedia.
BIRLING: (Alegre) Pero ahora todo es diferente. Vamos, vamos no me digas que no te das cuenta. (Imita al inspector durante su discurso final) “Todos ustedes han contribuido a matarla” (señalando con el dedo a SHEILA y a ERIC, riendo) Me gustaría que os hubierais visto la cara cuando dijo eso. (SHEILA  se dirige hacia la puerta)
¿Te vas a la cama?
SHEILA: (Tensa) Quiero salir de aquí me asusta veros hablar así.
BIRLING: (Sincero)  Tonterías, acabarás riéndote de lo sucedido. Más vale que le pidas a Gerald otra vez el anillo, te sentirás mejor.
SHEILA: (Con pasión)  Estáis fingiendo que todo sigue igual que antes.
ERIC: ¡Yo  no!
SHEILA: Tú, no, pero los demás sí.
EDNA: Ese ha sido siempre un gran error. Actuar como si fuésemos perfectos, como si nuestras acciones no tuviesen consecuencias sobre otras personas. Igual ese "inspector" quería abrirnos los ojos...
ERIC: Ese es el gran problema... (sale de la habitación cabizbaja con todas las miradas en ella
BIRLING: Pero ¿Acaso no es cierto? Hemos sido engañados y eso es todo.
SHEILA: Así que no ha sucedido nada. No hay de que arrepentirse ni que aprender.
Podemos seguir todos igual que antes.
SRA. BIRLING: ¿Y porque tendríamos que dejar de hacerlo? Lo que una criada dice sin permiso...
SHEILA: Te lo voy a decir yo. Lo que ha sucedido no ha sido broma, en aquel momento parecía que aprendíais una lección y ahora ya estáis renunciando, dispuestos a seguir igual que siempre.
BIRLING: (Divertido) Y tú no, ¿eh?
SHEILA: No; yo no porque recuerdo lo que dijo, el aspecto que tenía y lo que me hizo sentir. Y odio veros hablar como lo hacéis.
ERIC: Estoy de acuerdo con Sheila. También a mí me asusta.
BIRLING: De acuerdo id a acostaros.
SRA. BIRLING: Están agotados mañana les parecerá tan divertido como a  nosotros.
GERALD: Todo ha vuelto a su cauce ya Sheila, (alza el anillo) ¿qué me dices de esto?
SHEILA: No todavía no. Es demasiado pronto, tengo que pensármelo.
BIRLING: (señalando con el dedo a ERIC y a SHEILA) Mirad esa pareja, tan jóvenes y no saben encajar una broma. (Suena el teléfono, hay un momento de silencio total BIRLING va cogerlo) ¿Si? El señor Birling al habla…. ¿cómo?..Oiga…
(Pero, evidentemente la persona al otro extremo de la línea ha cortado la comunicación. BIRLING cuelga lentamente el teléfono y mira a los demás dominado por el pánico)
BIRLING: Era la policía. Una muchacha acaba de morir… mientras la llevaban al hospital después de haber bebido algún desinfectante. Y un inspector de policía viene hacia aquí…para hacernos unas…preguntas.
(Mientras se miran, enmudecidos y abrumados por la culpabilidad, y mientras EDNA sonríe desde la puerta ahora entreabierta, cae el telón).

FIN

Por Leticia, Emma, Alba, Jessica, Katrin y Elia. 







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