ACTO 1
Aparece EVA en escena sola, con ropa de hospital y sentaba en una cama, habla despacio, triste, recordando. De fondo las luces apagadas y ella alumbrada con una pequeña lampara.
EVA/DAISY: Era una noche fría y lluviosa. Me sentía sola y triste encerrada en aquella habitación cuando decidí acercarme al baño y lo vi ¿por qué no? No perdía nada y ganaba mucho. Nadie lloraría por mí, estaba sola con él… y todavía no valía nada. Lo hice si. Mi último recuerdo fueron unas paredes blancas y el ruido de zapatos de goma por el suelo, gente corriendo y gritos de palabras descifrables en latín. Pero tenía la imagen de ellos en mi cabeza, del bar Palace, de todo eso que me marcó. Marcó el como soy y el cómo veo las cosas, cómo veo a la gente. Antes pensaba que todos teníamos un lado bueno y solo hacia falta encontrarlo pero la realidad es diferente.
EVA/DAISY: Era una noche fría y lluviosa. Me sentía sola y triste encerrada en aquella habitación cuando decidí acercarme al baño y lo vi ¿por qué no? No perdía nada y ganaba mucho. Nadie lloraría por mí, estaba sola con él… y todavía no valía nada. Lo hice si. Mi último recuerdo fueron unas paredes blancas y el ruido de zapatos de goma por el suelo, gente corriendo y gritos de palabras descifrables en latín. Pero tenía la imagen de ellos en mi cabeza, del bar Palace, de todo eso que me marcó. Marcó el como soy y el cómo veo las cosas, cómo veo a la gente. Antes pensaba que todos teníamos un lado bueno y solo hacia falta encontrarlo pero la realidad es diferente.
(Cambia de tono, habla
con odio, enfadada)
La vida deja de tener sentido cuando te sale todo mal,
cuando te encuentras con personas horribles; ególatras, egoístas, indiferentes,
insensibles… a veces nos pasa a quienes no lo merecemos. Esta es mi historia,
esta soy yo.
El comedor, con sólidos muebles de la época, de una casa acomodada en un barrio residencial, propiedad de un próspero fabricantes. Se nota bienestar económico y un ambiente confortable. Muebles al fondo, mesa de comedor en el centro (Primer Acto) después se corre a un lado, chimenea (Segundo Acto) y mesa pequeña con un teléfono (Tercer Acto). Iluminación íntima y leve.
Se alza el telón y la familia BIRLING está junto con GERALD sentados en la mesa. EDNA recoge la mesa (sin mantel) se lleva los platos, y las copas y va trayendo una botella de cristal de Oporto, una caja de puros y otra de cigarrillos. BIRLING convencido de su importancia, modales campechanos, manera de hablar provinciana. SRA. BIRLING es fría y se cree socialmente superior a todos. SHEILA es bonita y joven, alegre y emocionada con su compromiso. GERALD es un modelo de joven bien educado, agradable e inteligente; que ha visto mundo. ERIC es joven y es mitad tímido y mitad desafiante. Todos están alegres ahora.
BIRLING: Saca el oporto Edna, estoy seguro de que te va a
gustar Gerald.
EDNA: Claro señor, todo sea por un día especial.
GERALD: Seguro que me gustará.
GERALD: Seguro que me gustará.
SHEILA: Eso espero Gerald, no me gustaría que supieses todo
lo que hay que saber de este vino.
BIRLING: Vamos Sybil, tienes que acompañarnos. Hoy es una
ocasión especial.
SHEILA: Si mamá, bebe a nuestra salud
SRA. BIRLING: Vale, beberé pero un poco. (A Edna, que está a
punto de salir con la bandeja.) Edna, la llamaré cuando queramos café, creo que en media hora.
EDNA: Sí, señora. ¿Desea usted que los vaya preparando para que estén listos?
SRA. BIRLING: Si si.
EDNA: ¿Donde desea que lo prepare? ¿En el salón donde siempre? Para así no molestar a los caballeros mientras se relajan.
BIRLING: ¡Fantástico Edna! Y por cierto; una cena excelente.
EDNA: Gracias señor, toda una tarde tiene su recompensa.
GERALD. (Cortésmente) De primera clase.
EDNA: Siempre intento agradar a los de la familia.
BIRLING: Muy bien dicho, dentro de poco vendrá más por aquí (Con tono burlón)
(Sale EDNA)
EDNA: ¿Donde desea que lo prepare? ¿En el salón donde siempre? Para así no molestar a los caballeros mientras se relajan.
BIRLING: ¡Fantástico Edna! Y por cierto; una cena excelente.
EDNA: Gracias señor, toda una tarde tiene su recompensa.
GERALD. (Cortésmente) De primera clase.
EDNA: Siempre intento agradar a los de la familia.
BIRLING: Muy bien dicho, dentro de poco vendrá más por aquí (Con tono burlón)
(Sale EDNA)
SRA. BIRLING: (A BIRLING) No eres tú quien tiene que decirlo...
BIRLING: No creo que a Gerald le moleste, lo trato como si
fuese uno más.
GERALD: Insisto en ser uno más, hace tiempo que lo vengo
intentando y lo sabes Sheila.
SRA. BIRLING: Claro que lo sabe.
SHEILA: Sí, pero en verano no supe nada de ti.
GERALD: Ya te lo dije, tenía mucho trabajo.
SHEILA: Eso es lo que tú dices.
SRA. BIRLING: Vamos Sheila, te tendrás que acostumbrar a
ello, todos lo hacen.
SHEILA: (Tono de
reproche.) No creo que me acostumbre así que ten cuidado Gerald.
GERALD: Claro que lo tendré.
SRA. BIRLING: Brindemos por la boda de mi hija.
BIRLING: Por supuesto, brindo para que la vida os traiga a
ambos lo mejor.
SRA. BIRLING: Que seáis muy felices.
GERALD: Yo brindo por ti, Sheila.
SHEILA: Y yo por ti, Gerald.
GERALD: Quiero hacerte un regalo. (Saca un estuche) (SHEILA saca el anillo).
BIRLING: (Muy alegre.)
Estoy encantado con este compromiso. Espero que os caséis pronto.
SRA. BIRLING: No retengas demasiado a Gerald cariño, Eric
quisiera hablar contigo.
BIRLING: Gerald se que tu madre no está de acuerdo con que
te cases con mi hija ya que no somos una familia como la vuestra pero tengo que
decirte que van a darme un titulo de caballero. No cuentes nada porque todavía
no es seguro.
GERALD: Es una excelente noticia ¿pero ni siquiera a mi
madre? Se va a alegrar…
BIRLING: Se lo puedes dar a entender.
ERIC: Mamá dice que no tardéis demasiado.
BIRLING: Edna saldrá a abrir. Gerald, la última copa de
oporto e iremos a reunirnos con nuestras señoras.
EDNA: El señor tiene una visita, aunque algo extraña; un inspector.
BIRLING: ¿Un inspector?
EDNA: Un inspector de policía, señor. Lleva gabardina y gorro y pregunta por usted, dice que es importante.
BIRLING: No lo conozco, ¿Qué quiere?
EDNA: Si señor, dice que es serio, algo relacionado con un suicidio
BIRLING: Muy bien Edna, hazle pasar.
(Entra el INSPECTOR y
sale EDNA, que cierra la puerta. El INSPECTOR no tiene que ser un hombre
grande, pero su figura impone de inmediato, pues es un hombre resuelto y de
sólida argumentación. Tiene unos cincuenta años y va vestido con un traje
corriente de la época, de color oscuro. Se expresa cuidadosamente, con mesura y
tiene la costumbre desconcertante de mirar muy fijamente a la persona a la que
se dirige antes de empezar a hablar.)
INSPECTOR: ¿El señor Birling?
BIRLING: Si soy yo, siéntese inspector. Dígame que desea.
INSPECTOR: (Sentándose.)
Necesito información sobre una mujer que ha fallecido en el hospital. Se ha
envenenado.
BIRLING: No entiendo que tengo que ver yo con eso.
INSPECTOR: Se lo explicaré. La joven ha dejado un diario, la
chica utilizaba varios nombres pero el verdadero era Eva Smith.
BIRLING: Me suena ese nombre pero no recuerdo de qué.
(Se asoma EDNA por la puerta repentinamente)
EDNA: ¿Ha dicho Eva Smith? Creo que reconozco ese nombre, creo que trabajaba para usted señor.
(Se asoma EDNA por la puerta repentinamente)
EDNA: ¿Ha dicho Eva Smith? Creo que reconozco ese nombre, creo que trabajaba para usted señor.
INSPECTOR: Sí, trabajó en su fábrica. Tengo una foto suya y
quizás la recuerde.
BIRLING: Ya me acuerdo, era una de mis empleadas pero la despedí hace casi
2 años. Es evidente que su suicidio no tiene nada que ver conmigo. (A EDNA) ¿Cómo te acordabas?
EDNA: Estuvo un tiempo mencionando su nombre en las comidas y se me grabó.
BIRLING: Bien, puede retirarse. (Sale EDNA)
EDNA: Estuvo un tiempo mencionando su nombre en las comidas y se me grabó.
BIRLING: Bien, puede retirarse. (Sale EDNA)
INSPECTOR: No estoy de acuerdo. Puede que el despido tenga
algo que ver con su muerte.
BIRLING: De todos modos no es mi responsabilidad. Recuerdo
que Eva era una chica bastante trabajadora, incluso pensamos en ascenderla pero
de vuelta de las vacaciones las empleadas querían un aumento de sueldo. Me
negué como es lógico.
INSPECTOR: ¿Por qué se negó?
BIRLING: Porque la empresa hubiese perdido mucho dinero.
Nuestros salarios son normales y las dije que podía irse sino estaban de
acuerdo, es un país libre.
ERIC: No lo es sino se encuentra trabajo.
BIRLING: No te metas en esto. Tras la huelga dejamos que se
incorporasen al trabajo todas excepto las cabecillas del grupo entre ellas Eva
Smith, que tuvo que irse.
GERALD: Hiciste lo correcto.
ERIC: No estoy de acuerdo. No debías dejarla de patitas en
la calle.
BIRLING: No creo que haya nada más que contarle inspector.
No tenemos nada que ver con esa chica. ¿Qué hizo ella después? ¿Se dedicó a la
calle?
SHEILA: Mamá pregunta por qué no pasáis al salón.
BIRLING: Sheila, vuelve con tu madre.
INSPECTOR: Espere señorita Birling. Soy inspector de policía
y esta tarde falleció en el hospital una joven tras beber desinfectante.
SHEILA: ¡Que horrible! ¿Tú tienes algo que ver en esto papá?
BIRLING: Solamente la despedí.
ERIC: Esa puede haber sido la causa.
SHEILA: No puedo dejar de pensar en esa pobre muchacha…
BIRLING: Usted no tiene nada más que hacer aquí.
INSPECTOR: ¿Esta seguro? No solo vengo aquí por usted.
BIRLING: ¿Insinúa que alguien más de los que están aquí sabe
algo de esa chica?
INSPECTOR: Sí, eso creo.
GERALD: Yo no sé nada de Eva Smith, no me metáis en líos.
ERIC: Yo tampoco.
SHEILA: Jamás he oído ese nombre
INSPECTOR: Ya dije que esta mujer utilizaba varios nombres.
Eva Smith se llamaba cuando Birling la despidió y después cambió su nombre.
SHEILA: ¿Qué la pasó después?
INSPECTOR: Entró a trabajar en una de las mejores tiendas
llamada Milwards.
SHEILA: ¡Milwards! nosotras solemos ir a allí, es más, hemos
ido esta tarde.
INSPECTOR: Al poco después de haber encajado en la tienda
sin problemas la despidieron, una clienta se había quejado.
SHEILA: (Nerviosa)
¿Cuándo fue eso?
INSPECTOR: A finales de enero del año pasado.
SHEILA: ¿Qué aspecto tenía la chica?
BIRLING: ¿Qué le pasa?
ERIC: Ha reconocido a la chica.
BIRLING: ¿Qué es lo que se propone disgustando a mi hija de
esa manera?
INSPECTOR: No he sido yo. Se ha disgustado ella sola.
BIRLING: Pero… ¿por qué?
INSPECTOR: Es algo que todavía tengo que averiguar.
BIRLING: (Muy enfadado.)
Sino le importa me enteraré yo primero.
GERALD: Voy a buscarla…
BIRLING: (Levantándose.)
Déjame a mí. ¡Estábamos celebrando una agradable fiesta familiar y mire usted
en que la ha convertido!
INSPECTOR: Eso pensaba yo en el hospital cuando contemplaba
el cuerpo sin vida de Eva Smith.
GERALD: Me gustaría echar una ojeada a la fotografía.
INSPECTOR: Todo a su tiempo.
GERALD: No veo por qué…
INSPECTOR: (Interrumpiéndole.)
Ya ha oído lo que he dicho antes, señor Croft. Una línea de investigación
cada vez.
ERIC: Perdone, he bebido un poco y será mejor que me retire.
INSPECTOR: Yo creo conveniente que se quede.
ERIC: ¿Por qué razón debería hacerlo?
INSPECTOR: Si se retira, quizás tenga que volver más tarde.
GERALD: ¿No está siendo muy estricto inspector?
INSPECTOR: Es posible.
GERALD: Somos ciudadanos respetables, no delincuentes.
INSPECTOR: En ocasiones no hay tanta diferencia entre ellos…
INSPECTOR: ¿Y bien señorita Birling?
SHEILA: Sabía usted desde el principio que se trataba de mi
¿verdad?
INSPECTOR: Lo supuse por algo que la muchacha dejó escrito.
SHEILA: Me sentí muy mal cuando sucedió y ahora me siento
aún peor. ¿Fue muy importante para ella?
INSPECTOR: No volvió a conseguir ningún otro empleo fijo.
Cuando lo perdió sin que se le diese ninguna explicación razonable decidió
probar otra clase de vida.
SHEILA: Entonces soy yo la responsable…
INSPECTOR: No del todo. Le pasaron muchas otras cosas pero
usted tiene parte de culpa en su muerte al igual que su padre.
ERIC: Pero, ¿qué hizo Sheila?
SHEILA: Fui a hablar con el gerente de Milwards y le advertí
que sino despedían a esa chica no volvería por la tienda y convencería a mamá
de cerrar nuestra cuenta allí.
INSPECTOR: ¿Qué hizo esa chica para enfadarla tanto?
SHEILA: Cuando me estaba mirando al espejo la vi sonreír a
la dependienta y me enfurecí. De todos modos, estaba de mal humor.
INSPECTOR: ¿Fue culpa de la muchacha?
SHEILA: No, fui yo quien tuvo la culpa. Entré en la tienda
para probarme algo y mi madre y la dependienta opinaban que no me sentaba bien.
Yo insistí y al ver que no se equivocaban me enfade y envidié que a la
dependienta le quedase precioso cuando se lo puso por encima. Ella era una
mujer muy bonita con un cuerpo adecuado para el traje y cuando me percaté de
que sonreía me lo tomé como un insulto. Reconozco que mi comportamiento fue muy
grosero pero no sentí lástima por ella en esos momentos.
INSPECTOR: Tuvo usted celos de ella.
SHEILA: Supongo que fue eso.
INSPECTOR: Utilizó su poder para castigar a la chica por
haberse sentido de aquella forma.
SHEILA: Sí, pero en entonces no me pareció algo tan
terrible. Si ahora pudiese ayudarla…
INSPECTOR: (Enfadado.)
Pero no puede. Es demasiado tarde porque ha muerto.
ERIC: Fuiste demasiado cruel, si te pones a pensarlo…
SHEILA: ¿Quieres callarte la boca Eric? Es la única vez que
he hecho algo así y nunca volverá a repetirse. Siento que no podré volver nunca
a comprar allí.
INSPECTOR: Quiero quedarme aquí hasta que averigüe todo lo
sucedido. Eva Smith perdió su empleo con Birling por una huelga, encontró otro
y usted se lo arrebató por envidia y más tarde intentó algo diferente. Primero
pasó a llamarse Daisy Renton…
INSPECTOR: Repito que pasó a llamarse Daisy Renton…
GERALD: (Nervioso.)
¿Te importa que me sirva una copa Sheila?
INSPECTOR: ¿Dónde se encuentra su padre, señorita Birling?
SHEILA: Fue al salón para contarle a mi madre lo sucedido.
Eric, acompaña al inspector al salón.
GERALD: (Con una sonrisa nerviosa) ¿Qué quieres que te diga?
SHEILA: ¿Cómo conociste a Eva Smith?
GERALD: No la conocí. ¿Por qué tendría que conocerla?
SHEILA: No seas hipócrita. Te has puesto en evidencia en
cuanto el inspector ha mencionado su otro nombre…
GERALD: Está bien, la conocí. Dejémoslo en eso.
SHEILA: No podemos dejarlo.
GERALD: Escucha, cariño…
SHEILA: No. La conociste muy bien y quiero saber como. ¿Fue
cuando se cambió el nombre y comenzó una vida diferente? ¿Te estuviste viendo
con ella durante el verano pasado, en el tiempo que estabas muy ocupado y que
apenas supe de ti?
GERALD: Lo siento Sheila. Todo terminó el verano pasado.
Hace varios meses que no he vuelto a saber de ella. No tengo nada que ver con
el suicidio.
SHEILA: Eso mismo es lo que yo pensaba hace un rato.
GERALD: Tú tampoco tienes nada que ver. Ninguno de nosotros
¿vale? No le digas nada al inspector.
SHEILA: ¿Sobre esa chica y tú?
GERALD: Si. Podemos evitar que lo sepa.
SHEILA: (Ríe de manera
histérica.) ¿No te das cuenta de que ya lo sabe? No seas estúpido. Me
aterra pensar en las cosas de las que está enterado y que nosotros mismos
ignoramos. Ya verás…
ACTO 2
Al
levantarse el telón la escena y la situación son exactamente las mismas que al
final del primer acto. El INSPECTOR se queda unos instantes parado, mirando a
SHEILA y a GERALD. Luego se adelanta hacia el proscenio, dejando la puerta
abierta.
INSPECTOR: (A GERALD) ¿Y bien?
SHEILA: (Riendo
se dirige a GERALD) ¿Qué te había dicho?
GERALD: (Con
dificultad) Inspector, creo que no es necesario que la señorita Birling
siga aquí. Hoy estábamos celebrando nuestro compromiso, y a estas
alturas, me temo que ha llegado al límite de su resistencia.
SHEILA: Quiere decir que me estoy poniendo histérica.
INSPECTOR: Bien, no hace falta que siga aquí. No tengo que preguntarla nada más.
SHEILA: A
mí, no. Pero ¿ha terminado con los demás?
INSPECTOR: No, no he terminado aún.
SHEILA: (A
GERALD) ¿Lo ves? (al INSPECTOR) Me quedo.
GERALD: ¿Para qué te vas a quedar? Será desagradable y molesto.
(Entra EDNA)
EDNA: ¿Desean alguna cosa antes de mi descanso?
SHEILA: Hmmm no, vayase ya. (Vuelve a salir de escena)
(Entra EDNA)
EDNA: ¿Desean alguna cosa antes de mi descanso?
SHEILA: Hmmm no, vayase ya. (Vuelve a salir de escena)
INSPECTOR: Y usted cree que debe proteger a las jóvenes de las cosas así.
GERALD: Si es posible, sí.
INSPECTOR: Bien, sabemos de una joven con la que no se tomaron tantas precauciones,
¿recuerda?
GERALD: Supongo que me lo he merecido.
SHEILA: Pues ten cuidado, no vayas a merecerte aún más, Gerald.
GERALD: Sólo te quería decir que para que quedarte si vas a lamentarlo después.
INSPECTOR: (a GERALD) Le
puedo explicar por qué la señorita Birling quiere quedarse. Esta noche ha
muerto una muchacha. Una chica bonita y alegre que nunca había echo daño a
nadie. La señorita Birling acaba de percatarse de lo que le hizo a esa muchacha.
Se siente responsable. Y si ahora se marcha, creerá que la culpa es toda suya,
se quedara sola con su responsabilidad durante el resto de la noche, y la noche
siguiente…
SHEILA: Sí, eso es. Se que soy culpable… y lo siento con
toda el alma…, pero no puedo creer…., que al final se haya suicidado únicamente
por culpa mía. Eso seria demasiado horrible….
INSPECTOR: Como ven, tenemos que compartir algo. Y si no nos
queda otra cosa, tendremos que compartir nuestra culpa.
SHEILA: (Mirándolo
fijamente) Si. Eso es cierto. Usted lo sabe.
(La contempla
tranquilo mientras ella lo mira asombrada y dubitativa. A continuación entra la
señora Birling, con paso decidido y segura de si misma, totalmente ajena a la
breve escena que acaba de tener lugar. SHEILA lo advierte de inmediato)
SRA. BIRLING. Buenas noches Inspector.
INSPECTOR. Buenas noches señora.
SRA. BIRLING. Soy la señora Birling como ya sabe. Mi marido
me ha explicado por qué esta usted aquí,
y aunque contrastaremos con mucho gusto
a sus preguntas, me parece que no podremos serle de mucha ayuda.
SHEILA. Temo que puedas decir o hacer algo de lo que tengas
que arrepentirte luego.
SR.BIRLING. No se de que me estas hablando hija
SHEILA. Todos hemos empezado así… muy confiados, muy
satisfechos de nosotros mismos hasta que el inspector ha iniciado las
preguntas.
(La SRA. BIRLING mira
primero a SHEILA y después al INSPECTOR)
SRA. BIRLING. Pareces cansada cariño. Creo que deberías
acostarte… y olvidar esta historia absurda. Mañana te sentirás mejor.
SHEILA. No me puedo ir mama. Voy a quedarme hasta que sepa
por que se ha suicidado la muchacha
SRA. BIRLING. Haz el favor de no contradecirme. Y de todos
modos, no creo ni por un momento que podamos entender por que se ha suicidado
esa chica. Las de su clase…
SHEILA. No debes tratar de construir una especie de barrera
entre esa chica y nosotros, y si lo haces, ya se encargara el Inspector de
derribarla
SRA.BIRLING. No te entiendo (al INSPECTOR) ¿usted la entiende?
INSPECTOR. Si y tiene razón
SRA.BIRLING. Eso en mi opinión, es un tanto impertinente
inspector (dándose bastante importancia)
no se me oculta que quizá tiene usted que realizar una investigación, pero debo
decir que hasta ahora me parece que la lleva a cabo de un modo ofensivo. Sin
duda no ignora que mi marido era alcalde hace
tan solo dos años y que sigue siendo magistrado…
GERALD. Sra. Birling, el Inspector sabe todo eso. Y no me
parece que sea una buena idea recordarlo.
INSPECTOR. Por cierto, ¿donde esta el Sr. Birling?
SRA.BIRLING. Volverá dentro de un momento. Esta hablando con
mi hijo Eric, que parece absurdamente excitado
INSPECTOR. ¿Que le sucede?
SRA.BIRLING. Me parece que Eric quizás haya bebido un poco
mas de la cuenta. Hemos estado celebrando.
INSPECTOR. (Interrumpiéndola)
¿No esta acostumbrado a beber?
SRA.BIRLING. No por supuesto que no. No es más que un niño
INSPECTOR. No es un joven, y algunos jóvenes beben
demasiado.
SHEILA. Eric es uno de esos
SRA.BIRLING. ¡Sheila!
SHEILA. No quiero complicarle la vida al pobre Eric pero tenemos
que dejarnos de estúpidos fingimientos. No sirve de nada decir que Eric no
bebe. Lleva dos años bebiendo más de la cuenta
SRA.BIRLING. No es cierto tu lo conoces, Gerald… tienes que
saber que no es verdad.
GERALD. Me parece que es verdad… he oído decir que bebe demasiado.
SRA.BIRLING. Y este es el momento que eliges para decírmelo
(con amargura)
SHEILA. Si, claro que es verdad. A eso me refería cuando he
dicho que no merece la pena levantar un muro que no tardara en ser derribado.
Hace que sea más difícil soportarlo todo.
SRA.BIRLING. pero eres tu…, no es el inspector…, quien lo esta haciendo…
SHEILA. Si, pero ¿no lo entiendes? Todavía no ha empezado
contigo.
SRA. BIRLING (Después
de una pausa, reponiéndose) si es necesario contestare gustosamente a
cualquier pregunta que el inspector quiera hacerme. Aunque, a decir verdad, no
se nada de esa muchacha.
INSPECTOR. (Circunspecto)
Ya veremos, Señora Birling.
(Entra Birling que
cierra la puerta)
BIRLING. (Bastante
acalorado y molesto) He intentado convencer a Eric para que se vaya a la
cama, pero no quiere. Ahora dice que usted le ha dicho que se quede. ¿Es
cierto?
INSPECTOR. Se lo he dicho, si. Quiero hablar con el.
BIRLING. No veo el motivo, pero si no hay mas remedio, le
sugiero que sea ahora.
INSPECTOR. No; todavía no. Lo siento, pero va a tener que
esperar a su turno.
BIRLING. (Con enojo)
inspector, ya se lo he dicho antes. No me gusta su tono ni su manera de llevar
esta investigación.
SRA.BIRLING. (con cólera
repentina, al INSPECTOR) Bien, empecemos, ¿Qué es lo que quiere saber?
INSPECTOR. (Fríamente)
El año pasado, a finales de enero, esa muchacha, Eva Smith, tuvo que dejar Milwards
porque la señorita Birling obligo a la dirección y a ponerla en la calle.
Entonces dejo de ser la Eva Smith que buscaba empleo para convertirse en Daisy Renton,
pero con otras ideas en la cabeza. (Volviéndose
bruscamente hacia Gerald) Señor Croft ¿Cuándo la conoció usted?
(Una exclamación de sorpresa
escapa de los labios del Señor y la Señora Birling)
GERALD. ¿De donde has sacado la
idea de que yo la conocía?
INSPECTOR. Al mencionar yo el
nombre de Daisy Renton, quedó bastante claro, por su reacción que la conocía.
Se descubrió usted al instante.
GERALD. Está bien, ya que no queda
otro remedio…La conocí en marzo del año pasado, en el bar del Palace. Me
refiero al teatro de variedades aquí en Brumley…
GERALD. (A SHEILA) ¿Por qué demonios no desapareces y te lo evitas?
SHEILA. No. Quiero saber qué
sucede exactamente cuando un hombre dice que está tan ocupado en su fábrica que
nunca encuentra tiempo para venir a ver a la chica de la que ene teoría está
enamorado. No me lo perdería…
INSPECTOR. (Con autoridad) Muy bien, señor Croft; en el bar del teatro de variedades…
INSPECTOR. (Con autoridad) Muy bien, señor Croft; en el bar del teatro de variedades…
GERALD. Una noche, entré a echar
un vistazo, y como el espectáculo no tenia nada especial bajé a tomarme una
copa al bar, frecuentado por las mujeres de la vida…
INSPECTOR. (Cortante) Señor Croft ¿qué sucedió?
GERALD. No tenía intención de
quedarme mucho, aborrezco a esas mujeres de mirada dura pero me fijé en una
muchacha diferente. Muy bonita, de pelo castaño suave y grandes ojos oscuros.
Parecía joven y sana, encantadora y completamente fuera de lugar. Estaba claro
que no se divertía, el viejo Joe Meggarty, medio borracho, la había arrinconado
con ese corpachón suyo tan gordo y tan obsceno…
SRA. BIRLING. (Interviniendo) No hay necesidad de
entrar en detalles desagradables. Y sin duda no es posible que te refieras a
Meggarty, el concejal.
GERALD. Claro que hablo de él. Es
un mujeriego, además de uno de los borrachos y sinvergüenzas de peor calaña de
Brumley…
INSPECTOR. Efectivamente.
SRA. BIRLING. (Desconcertada) ¡Vaya! ¡Meggarty, el
concejal! Pues es verdad que estamos aprendiendo algo esta noche…
SHEILA. (Con frialdad) Claro que sí. Pero todo el mundo sabe cómo se las
gasta ese viejo repugnante.
BIRLING. (Cortante, escandalizado) ¡Sheila!
INSPECTOR. (A GERALD) Siga, por favor.
GERALD. La chica se dio cuenta de
que la había visto y me lanzó una mirada que no era más que un grito de ayuda.
De manera que me acerqué y le dije a Joe Meggarty alguna tontería…, que el
gerente tenía un recado para él o algo parecido…, me lo quité de en medio…
Luego le dije a la chica que me dejara sacarla de allí si no quería ser
importunada de nuevo. Aceptó al instante.
INSPECTOR. ¿Adónde fueron?
GERALD. Seguimos hasta el hotel
Country; sé que es un sitio tranquilo a esas horas de la noche. Bebimos una
copa o dos y hablamos.
INSPECTOR. ¿Bebió mucho Daisy
aquella vez?
GERALD. No. Solo tomó un oporto
con limonada…, o alguna mezcla parecida. Solo quería hablar y un poco de
compresión, creo que las insinuaciones de Joe Meggarty la habían deprimido
bastante…, cosa bastante compresible…
INSPECTOR. ¿Habló de sí misma?
GERALD. Sí. Me contó que se
llamaba Daisy Renton, que era huérfana de padre y madre, y que no había nacido
en Brumley. También me contó que había trabajo en una de las fábricas de aquí,
pero que tuvo que marcharse a raíz de una huelga. Y dijo algo de una tienda,
pero sin dar nombres, y mostrándose poco
precisa sobre lo sucedido. No conseguí detalles sobre su vida pasada.
Quería hablar de sí misma pero al mismo tiempo quería seguir siendo Daisy Renton. Lo que si dejó traslucir fue que estaba muy mal de dinero y que pasaba hambre. Hice que la gente del County la trajera algo de comer...
INSPECTOR. Y entonces decidió mantenerla..., ¿en calidad de amante?
SHEILA. Era evidente desde el principio. Sigue adelante, Gerald.
GERALD. (Sereno) Descubrí, no aquella noche sino dos
después, cuando nos vimos de nuevo, que no tenía literalmente un céntimo y que
iban a echarla del miserable cuartucho donde vivía. Sucedió que un amigo mío,
Charlie Brunswick, se había ido seis meses a Canadá dejándome la llave de un
agradable apartamento en Morgan Terrace, con el encargo de vigilarlo un poco y
permiso para utilizarlo. Insistí a Daisy para que se mudara y le di algo
de dinero para que pudiera defenderse allí. (Cuidadosamente al INSPECTOR)
Quiero que entienda que no la instalé allí para hacerle el amor. La llevé a
Morgan Terrace porque me daba pena y no quería que volviera al
Palace. No la pedí nada a cambio.
INSPECTOR. Entiendo
SHEILA. Sí, pero ¿por qué se lo estás diciendo a él? Deberías decírmelo a mí.
GERALD. Supongo que sé. Lo siento, Sheila. Por algún motivo, me...
SHEILA. (Interviniendo, al verlo vacilar) Ya sé. Hay algo en él que te obliga a hacerlo.
INSPECTOR. ¿Pero llegó a ser su amante?
GERALD. Sí. Supongo que era inevitable. Una chica joven, bonita y afectuosa..., que me estaba muy agradecida. Me convertí de inmediato en la persona más importante de su vida..., ¿entiende?
INSPECTOR. Sí. Era mujer. Estaba sola. ¿Se enamoró usted de ella?
SHEILA. ¡Justo lo mismo que yo iba a preguntar! Se supone que estoy prometida con Gerald. Tengo derecho a saberlo. ¿Te enamoraste de ella, Gerald?
GERALD. (Dubitativo) Es difícil decirlo. Yo no sentía por ella lo que sentía por mí.
SHEILA. (Con marcado sarcasmo) Por supuesto que no. Tú eras el maravilloso Príncipe Azul. Debe de haberte halagado muchísimo, Gerald.
GERALD. De acuerdo..., me gustó durante algún tiempo.
SHEILA. Eso es probablemente lo mejor que has dicho en toda la noche. Por lo menos es honesto. ¿Ibas a verla todas las noches?
GERALD. No. No mentía del todo cuando te decía por entonces que estábamos muy ocupados en la fábrica. Era verdad que teníamos mucho trabajo, pero la veía bastante.
SRA. BIRLING. No creo que se necesiten más detalles.
SHEILA (Interrumpiéndola) Yo sí los necesito. Y, de todos modos, no se nos ha dado aún ni uno solo.
GERALD. Y no los vas a tener. (al INSPECTOR) ¿Hay algo más que quiera saber..., que necesite saber?
INSPECTOR. Sí. ¿Cuándo terminó esa relación?
GERALD. Se lo puedo decir con toda exactitud. Fue en la primera semana de septiembre. Tuve que ausentarme por espacio de varias semanas, cuestión de negocios, y para entonces Daisy sabía que lo nuestro se estaba acabando. De manera que rompí con ella definitivamente antes de marcharme.
INSPECTOR. ¿Qué tal se lo tomó?
GERALD. Mejor de lo que yo esperaba. Me dijo que nunca había sido tan feliz..., pero que se daba cuenta de que no podía durar..., que no contaba con que durase. No me culpó de nada. Ahora..., ¡por Dios me gustaría que lo hubiera hecho! Quizás me sentiría mejor.
INSPECTOR. ¿Tuvo que dejar el apartamento?
GERALD. Sí, ya lo habíamos hablado. Del dinero que yo le pasaba ahorró algo durante el verano viviendo muy económicamente...No quería aceptar nada más, pero insistí en un regalo de despedida; dinero suficiente, sin ser una gran cantidad, para mantenerse hasta que acabara el año.
INSPECTOR. ¿Le explicó ella lo que se proponía hacer después?
GERALD. No quiso hablar de eso. Deduje que pensaba marcharse de Brumley. ¿Lo sabe usted?
INSPECTOR. Sí. Estuvo fuera unos dos meses.
GERALD. ¿Con alguien?
INSPECTOR. No. Creo que lo hizo para estar sola, tranquila, para recordar todo lo que había sucedido entre ustedes. Llevaba algo así como un diario. Y allí dejó escrito que quería marcharse y estar tranquila y recordar.
GERALD. (Con gesto grave) Entiendo. Bien, el caso es que no he vuelto a verla nunca, y eso es todo lo que puedo decirle.
INSPECTOR. Eso es todo lo que quería saber.
GERALD. En ese caso..., como este asunto me ha afectado..., me gustaría estar solo durante un rato. Le estaría muy agradecido si me permitiera marcharme. Pasear…., durante un rato, si no le importa. Volveré.
INSPECTOR:
De acuerdo, señor Croft.
SHEILA:
Pero, por si acaso te olvidaras…, Gerald, creo que será mejor que te lleves
esto.
(Le entrega el anillo de compromiso)
GERALD:
Entiendo. La verdad es que me lo esperaba.
SHEILA:
No me desagradas tanto como hace media hora, Gerald. Por alguna razón, creo que
te respeto ahora mas que nunca. Sabía que me habías mentido acerca de todos
aquellos meses del año pasado en los que apenas te vi. Ahora, al menos, has
sido sincero. Y creo lo que has dicho sobre cómo la ayudaste al principio. Por
compasión. Y fui yo quien tuvo la culpa de que estuviese tan desesperada cuando
la conociste. Pero todo esto ha hecho que las cosas cambien. Tendremos que
empezar desde el principio.
SRA.
BIRLING: Bien, no sé qué decir, pero creo que estamos llegando al final de este
asunto tan lamentable…
GERALD:
Me parece que no, discúlpenme.
(Sale. Los demás lo ven marcharse en
silencio. La puerta principal se cierra de un portazo)
SHEILA:
(AL INSPECTOR) Ahora que lo pienso, no le ha enseñado usted la fotografía de la
chica.
INSPECTOR:
No, no hacía falta.
SRA
BIRLING: ¿Tiene usted una fotografía de esa chica?
INSPECTOR:
Si, y creo que será mejor que se la enseñe.
SRA.
BIRLING: Muy bien.
(El inspector saca la fotografía y ella la
examina atentamente)
INSPECTOR:
(Guardando la fotografía) ¿La
reconoce?
SRA.
BIRLING: No
INSPECTOR:
No me dice la verdad.
SRA.
BIRLING: ¡Como se atreve!
BIRLING:
(Muy enfadado, al Inspector)
Escúcheme bien, esto no voy a consentirlo. Discúlpese ahora mismo.
INSPECTOR:
¿Por cumplir con mi deber?
BIRLING:
No, por hacerlo de una manera ofensiva.
SHEILA:
Carecemos de excusas para seguir dándonos tanta importancia, si tuviéramos un
poco de sentido común, dejaríamos de hacerlo. Mi padre despidió a esa chica
porque pidió un salario decente. Yo la empujé un poco más, hasta ponerla
literalmente en la calle, porque estaba de mal humor y ella era bonita. Gerald
la instaló como amante y luego la abandonó. Y ahora tú finges no reconocerla en
esa fotografía. Pero estoy segura de que la has reconocido. Y si estás
mintiendo, ¿Por qué tendría que disculparse el inspector? ¿Es que no os dais
cuenta, los dos, de que solo estáis empeorando las cosas?
(Se vuelve. Se oye de nuevo el ruido de la
puerta principal al cerrarse)
BIRLING:
Otra vez la puerta.
INSPECTOR:
Creo que su hijo acaba de marcharse.
BIRLING:
Voy a ver.
(Sale deprisa. El inspector se vuelve hacia
la SRA. BIRLING)
INSPECTOR:
Señora Birling, ¿No es usted miembro destacado de la Organización Benéfica
Femenina de Brumley?
SHEILA:
Si que lo es. ¿Por qué?
INSPECTOR:
Se trata de una organización a la que mujeres en apuros pueden pedir ayuda de
diversas maneras, ¿me equivoco?
SRA
BIRLING: No se equivoca. Hemos hecho mucho para ayudar a las clases
necesitadas.
INSPECTOR:
Hace dos semanas, ¿no se celebró una reunión del comité seleccionador?
SRA BIRLING:
Si. ¿Qué tiene eso que ver con usted?
(Entra Birling, bastante agitado)
BIRLING:
Tiene que haber sido Eric el que se ha marchado.
SRA
BIRLING: ¿A dónde puede haber ido?
BIRLING:
No sabría decirte. Pero estaba muy excitado y de un humor extraño, como le pasa
a veces, y, aunque aquí no lo necesitamos…
INSPECTOR:
Sí lo necesitamos. Y si no vuelve pronto, tendré que salir a buscarlo.
(BIRLING Y SRA BIRLING cruzan miradas de
desconcierto y aprensión)
SHEILA:
Probablemente sólo ha salido para tranquilizarse un poco. Volverá pronto.
INSPECTOR:
Recordará usted que el señor Croft nos ha contado, y creo que es verdad, que no
ha visto a Eva Smith ni ha hablado con ella desde septiembre pasado. La señora
Birling, en cambio, la vio y haló con ella hace dos semanas.
SHEILA:
(Asombrada) ¡Mamá!
BIRLING:
¿Es eso cierto?
SRA
BIRLING: Si, totalmente cierto.
INSPECTOR:
¿Fue a pedir ayuda a su organización?
SRA
BIRLING: Si.
INSPECTOR:
¿Con que nombre?
SRA
BIRLING: Primero se hizo llamar SRA BIRLING. En mi opinión no fue más que una
increíble demostración de impertinencia, totalmente deliberada, y, como es
lógico, esa fue una de las cosas que me predispusieron en su contra.
BIRLING:
¡Cómo podía ser menos! ¡Vaya desvergüenza!
INSPECTOR:
¿Admite que estaba predispuesta en contra suya?
SRA
BIRLING: Si.
INSPECTOR:
¿Es cierto que le denegó la ayuda porque usted se opuso, señora Birling, y era
el miembro con más autoridad del comité?
SRA
BIRLING: Si, fui yo. No me gustó su actitud. Utilizó nuestro apellido de la
manera más impertinente, aunque luego se retractó, con la excusa de que fue el
primero que se le pasó por la cabeza. Tuvo que admitir, después de que yo
empezase a interrogarla, que no tenía derecho a utilizarlo, que no estaba
casada, y que la primera historia que contó, sobre el marido que la había
abandonado, era totalmente falsa. No me costó mucho sacarle la verdad, o parte
de la verdad.
INSPECTOR:
¿Por qué quería que se la ayudara?
SRA
BIRLING: No creo que sea necesario hablar de ello. La chica pidió ayuda. A
nuestro comité se le pide que examine cuidadosamente las solicitudes que se les
presentan. No me satisfizo la de esa muchacha porque no me apreció un caso
convincente, y utilicé mi influencia para que se le denegara la ayuda. Y, pese
a lo que le ha sucedido después, creo que cumplí con mi deber.
INSPECTOR:
Pues yo creo que usted obró mal y que pasará el resto de su vida lamentándolo.
Solicitó ayuda del comité porque iba a tener un hijo.
BIRLING:
No irá usted a decir que Gerald Croft…
INSPECTOR:
No, no. Esto no tiene nada que ver con él.
SHEILA:
¡Gracias a Dios!
INSPECTOR:
La muchacha acudió a usted en busca de ayuda, en un momento en que ninguna
mujer podía necesitarla más. Y usted no sólo se la negó sino que se ocupó de
que los demás se la negaran. Estaba sola, son amigos, prácticamente sin un
céntimo, desesperada. No necesitaba sólo dinero, sino consejos, simpatía,
amabilidad. Usted ha tenido hijos. Tiene que haber sabido lo que sentía. Y le
dio con la puerta en las narices.
SHEILA:
Mamá, creo que fue una crueldad y una vileza.
BIRLING:
Permíteme que te diga, Sybil, que cuando esto aparezca en el informe, no nos
beneficiará mucho. La prensa podrá fácilmente…
SRA
BIRLING: Ya está bien. Hacedme el favor de recordar que no fui yo quien la dejo
sin empleo, que eso, probablemente fue el principio de todo. (volviéndose al Inspector) Dadas las
circunstancias creo que lo que hice estuvo justificado. La chica había empezado
por contarnos una sarta de mentiras. Después, cuando le saqué la verdad,
descubrí que sabía perfectamente quién era el padre, de manera que insistí en
que era asunto suyo que se responsabilizara. Si se negaba a casarse, aunque en
mi opinión habría que obligarlo, debía al menos mantenerla. Consiguió agotarme
la paciencia. Se daba una importancia ridícula. Pretendía tener unos
sentimientos sumamente delicados y sutiles y unos escrúpulos totalmente
absurdos para una mujer en su posición.
INSPECTOR:
Ahora su posición es estar tumbada con las entrañas quemadas sobre una mesa de
mármol. (Cuando Birling intenta
protestar, se vuelve hacia él) Deje de tartamudear y de lloriquearme, ¿se
entera? Van a acabar con mi paciencia. ¿Qué fue lo que dijo?
SRA
BIRLING: Dijo que el padre no era más que un jovencito…, un chico un poco tonto
e insensato que bebía demasiado. Que no cabía pensar en casarse con él…, sería
una equivocación para los dos. El muchacho le había dado dinero, pero ella no
quería aceptar mas.
INSPECTOR:
¿Por qué no quería ese dinero?
SRA
BIRLING: La historia era…, que una noche, cuando estaba borracho, le dijo algo
que le hizo suponer que el dinero no era suyo.
INSPECTOR:
¿De dónde lo había sacado entonces?
SRA
BIRLING: Lo había robado.
INSPECTOR:
¿De manera que fue a pedirle ayuda a usted porque no quería aceptar dinero
robado?
SRA
BIRLING: Ésa fue la historia que contó al final, después de que yo me negara a
creer la primera, no vi ninguna razón para creer que una historia fuese mas
cierta que la otra. De manera que está usted muy equivocado si cree que voy a
tener que lamentarlo.
INSPECTOR:
Pero si la historia era verídica, si el muchacho le daba dinero robado, la
chica acudió a usted porque quería evitarle más problemas, ¿no es eso?
SRA
BIRLING: Es posible. Y estaba perfectamente justificado que aconsejara al
comité rechazar su solicitud de ayuda.
INSPECTOR:
¿Ni siquiera lo siente ahora, cuando sabe lo que le ha sucedido a la muchacha?
SRA
BIRLING: Siento que haya tenido un final tan horrible. Pero no me considero culpable
en absoluto.
INSPECTOR:
¿A quién hay que culpar entonces?
SRA
BIRLING: En primer lugar, a la muchacha misma. En segundo lugar, al joven que
iba a ser el padre. Si, como contó, no pertenecía a su misma clase social, y no
era más que un vago y un borracho, todavía más motivos para no dejarlo escapar.
Debe dársele un castigo ejemplar.
INSPECTOR:
Y si su historia es cierta… si robaba dinero…
SRA
BIRLING: En ese caso es enteramente responsable…, porque la muchacha no hubiera
acudido a nosotros y no se le negado la ayuda de no ser por él…
INSPECTOR:
De manera que, en cualquier caso, él es el principal culpable.
SRA
BIRLING: Ciertamente. Y se le debe tratar con la mayor severidad… Y si usted
adopta las medidas necesarias para encontrar a ese joven y asegurarse de que se
le obliga a confesar en público su responsabilidad…, entonces estaría usted
cumpliendo realmente con su deber.
INSPECTOR:
No se preocupe, señora Birling. Cumpliré con mi deber. (Mira su reloj)
SRA
BIRLING: Me alegro de oírlo.
INSPECTOR:
Nada de echar tierra sobre el asunto ¿eh? Un castigo ejemplar, ¿no es eso?
Pública confesión de responsabilidad… ¿umm?
SRA
BIRLING: En efecto. Creo que es su deber. Y ahora, sin duda, no tendrá
inconveniente en darnos definitivamente las buenas noches.
INSPECTOR:
Todavía no. Estoy esperando.
SRA
BIRLING: ¿Esperando qué? (En tono alto) ¡Edna, Edna!
(Entra EDNA algo agitada)
EDNA: Si señora, ¿desea algo?
SRA. BIRLING: Tráenos unos cafés para poder asumir esto. (Sale EDNA)
INSPECTOR:
Cumplir con mi deber.
SHEILA:
¿Es que no te haces cargo, mamá?
SRA
BIRLING: Pero sin duda… quiero decir…, es ridículo…
(Deja de hablar e intercambia con su marido
una mirada de temor)
BIRLING:
Oiga, inspector, ¿trata de decirnos que…, que mi chico…, está mezclado en
esto…?
INSPECTOR:
Si lo está, ya sabemos lo que tenemos que hacer, ¿no es cierto? La señora
Birling acaba de decírnoslo.
BIRLING:
(Atónito) ¡cielo santo! Pero…,
escuche…
SRA
BIRLING: (agitada) No lo puedo creer.
Nunca lo creeré…
SHEILA:
Mamá… Te he suplicado una y otra vez que no siguieras…
(El inspector levanta una mano. Oímos la
puerta principal. Todos esperan, mirando hacia la puerta del comedor. ERIC,
sumamente pálido y angustiado, se encuentra, al entrar, con sus miradas
inquisitivas. Aparece EDNA con los cafés pedidos. Cae el telón)
ACTO 3
La escena, exactamente como al final del segundo
acto. ERIC acaba de entrar en el comedor y los demás lo miran. EDNA posa los cafés en la mesa del centro y escucha desde una esquina.
SRA. BIRLING: (Angustiada). No lo puedo creer, Eric.
Tiene que haber alguna equivocación. No sabes de qué estábamos hablando.
SHEILA:
Más vale no saberlo.
ERIC: ¿Por qué?
SHEILA: Porque mamá ha
estado muy ocupada culpando al joven que dejó embarazada a la chica y diciendo
que no debe escapar sin un castigo…
ERIC: (Con amargura). No me lo has puesto nada
fácil, ¿eh mamá?
SRA. BIRLING: Pero yo
no sabía que eras tú... Deja de emborracharte.
ERIC: Se lo has dicho
tu no, Sheila? ¡Eres una soplona!
SHEILA: Podría
habérselo dicho hace meses, pero no lo hice. Se lo he contado hoy porque sabía
que todo iba a salir a relucir... era mejor que lo supiera de antemano.
INSPECTOR: (Interrumpiéndole con suavidad). Van a
tener tiempo de sobra para pensar cuando me haya ido.
BIRLING: Ahora
entiendo muchas cosas que antes no entendía.
ERIC: Una noche del
pasado noviembre.
INSPECTOR: ¿Dónde?
ERIC: En el bar del
Palace.
INSPECTOR: ¿Qué paso
entonces?
ERIC: Empecé a hablar
con ella y la invite a unas copas.
INSPECTOR: ¿Por qué
había ido al bar del Palace?
ERIC: bueno…supongo
que no sabía qué hacer.
EDNA: (Interrumpiendo) Fue la noche que discutió con su padre, se marchó muy rápido y enojado, el señor le había reducido la paga y usted no se lo tomo muy bien...
EDNA: (Interrumpiendo) Fue la noche que discutió con su padre, se marchó muy rápido y enojado, el señor le había reducido la paga y usted no se lo tomo muy bien...
INSPECTOR: Entiendo bien. ¿Fue usted
al sitio donde se alojaba?
ERIC: Sí y fue entonces cuando sucedió.
SRA. BIRLING: ¡Eric!
¿Cómo pudiste?
BIRLING: Sheila, lleva
tu madre al salón..., acompáñalas Edna.
(Se adelanta para abrir la puerta y espera a que EDNA y SHEILA salgan con su madre y vuelve a cerrarla.)
INSPECTOR: ¿Cuándo
volvió a verla?
ERIC: Unas dos semanas
después la vi en el bar del Palace.
INSPECTOR: ¿A tomar
unas copas de nuevo? Y también ¿Volvió a acompañarla a su casa?
ERIC: Sí, me contó
algunas cosas y yo también hable.
INSPECTOR: ¿Y
volvieron a hacer el amor?
ERIC: Si, me gustaba.
BIRLING: Así que te
acostaste con ella.
INSPECTOR: (Muy cortante) Arréglenlo después.
¿Quedaron en seguirse viendo?
ERIC: Si, y es cuando
me dijo que estaba embarazada.
INSPECTOR: ¿Sugirió
ella que debíais de casarnos?
ERIC: No. Ella no
quería que nos casáramos. Como no tenía trabajo insistí en darla lo suficiente
dinero para que fuese tirando.
BIRLING: ¿De dónde
sacaste el dinero?
ERIC: (Avergonzado) pues…de tu despacho...
INSPECTOR: ¿Quiere
decir que robo dinero?
ERIC: No del todo,
tenía la intención de devolverlo.
BIRLING: ¿Cómo
pensabas devolverlo?
ERIC: Me las hubiera
arreglado de algún modo.
BIRLING: ¿Por qué no
acudiste a mí?
ERIC: Porque no eres
un padre al que se puede acudir.
BIRLING: (Enojado) No me hables de ese modo.
INSPECTOR: (Interrumpiéndole). ¿La muchacha
descubrió que el dinero que usted le daba era robado?
ERIC: (Avergonzado) Si y no quiso aceptar más,
ni tampoco volver a verme. ¿Se lo dijo ella?
SHEILA: No, se lo dijo
nuestra madre.
ERIC: ¿Te lo dijo a
ti? Pero es imposible, no sabía dónde vivo.
INSPECTOR: Después de
romper con usted acudió al comité al que pertenece su madre para pedir ayuda y
ella se la negó.
ERIC: (A punto de perder el control) ¡La
mataste tú!
SRA. BIRLING:(Muy angustiada ya) No…yo no lo sabía…
ERIC: (Casi amenazando) No entiendes nada.
Nunca has entendido nada y ni siquiera lo has intentado.
BIRLING: ¿Es que has
perdido completamente la cabeza, desgraciado?
INSPECTOR: ¡Basta! (De repente todos se inmovilizan, mirándolo)
Cállense un momento y escuchen. Esta chica se ha suicidado y ha muerto porque
todos ustedes han contribuido a matarla. Recuérdenlo. Recuerde lo que hizo
señora Birling se negó a ayudarla cuando más lo necesitaba. Tu Eric la
utilizaste para acabar una estúpida noche de borrachera, como si fuese un
animal, un objeto, no una persona.
SHEILA: Yo hice que la
echaran del empleo. Yo lo provoqué todo.
INSPECTOR: Usted solo
colaboró... (Agresivo a BIRLING)
Usted fue el causante, esa chica quería veinticinco chelines a la semana en
lugar de veintidós con seis.
BIRLING: (Entristecido) Ahora daría miles...
INSPECTOR: Ofrece dinero
cuando ya no hace falta…(Hace un gesto,
como para dar por terminada la sesión ,
posiblemente cerrando la libreta que maneja.) No, no creo que ninguno de ustedes lo olvidé.
Ni tampoco ese joven Croft, pero el al menos sintió cierto afecto por ella y la
hizo feliz durante algún tiempo. Bien, Eva Smith se ha ido. Pero recuerden
esto, somos responsables los unos de los otros y les digo que pronto llegara el
tiempo en que, si los hombres no aprenden la lección, se les enseñara con el
fuego, la sangre y el sufrimiento. Buenas noches.
(Sale sin hacer ninguna pausa, y los otros se quedan mirando asombrados.
Sheila sigue llorando en silencio, La SRA. BIRLING se derrumba sobre la silla,
ERIC cavila desesperado, BIRLING el único activo, escucha el ruido de la puerta
principal al cerrarse.)
BIRLING: (Enfadado a ERIC) Tú eres el responsable
de todo esto.
ERIC: No faltaba más
BIRLING: Si, no te das
cuenta de lo que has hecho, ahora habrá un escándalo público.
ERIC: Bueno, ya no me
importa
BIRLING: Al parecer
todo te da igual, pero quizá te interese saber que hasta que devuelves hasta el
último penique del dinero, trabajarás gratis.
SRA. BIRLING: (Recuperándose) Eric, estoy avergonzada de
ti.
ERIC: Yo también me
avergüenzo de vosotros.
SHEILA: La cuestión es
que no parece que hayáis aprendido nada.
BIRLING: ¿No? estas
completamente equivocada, cuando volví
la vista atrás pienso en lo que sentía mientras los 5 estábamos cenando…
ERIC: Si, y ¿Te
acuerdas de lo que nos dijiste a Gerald y a mi después de la cena? Nos dijiste
que un hombre tiene que abrirse su propio camino y cuidar de sus intereses, ¿Lo
recuerdas? y a continuación entro el inspector,
SHEILA:(Repentinamente atenta) ¿Fue entonces
cuando llego el inspector, después de que papa dijera eso?
ERIC: Si.
SHEILA: ¿Creéis qué
era de verdad un inspector de policía?
BIRLING: Pues si no lo
era, desde luego que no da lo mismo. Hay tanta diferencia como de la noche al
día.
SHEILA: No es cierto,
para mí no hay diferencia y tampoco debería haberla para vosotros. ¿No os días
cuenta de que sí todo lo que ha salido a la luz esta noche es cierto, no
importa demasiado quien haya hecho que lo confesemos? Tú despediste a esa chica
y yo conseguí que la echaran de otro empleo, Gerald la tuvo de mantenida en una
época, Eric ya sabemos lo que hizo y mama l cerro el corazón y le dio el
empujón definitivo que acabo con ella. Pero no me ha parecido en ningún momento
un inspector corriente y vulgar...
BIRLING: También yo lo
he notado (a la SRA. BIRLING) ¿No te
ha pasado a ti?
SRA. BIRLING: Tengo
que decir que sus modales eran de lo más extraordinario…
SHEILA: Apenas le
hemos dicho algo que no supiera de antemano. ¿No lo habéis notado?
BIRLING: Eso ni es
nada. Disponía de un poquito de información, pero si no hubiéramos hablado
tanto, habría tenido muy poco en que apoyarse.
SHEILA: El caso es que
nos ha hecho confesar.
BIRLING: Lo cierto es
que os habéis dejado engañar, os habéis dejado convencer hasta el punto de
contarle todos vuestros asuntos privados.
ERIC: Yo no he notado
que tú le hicieras frente.
BIRLING: No, porque tú
ya habías reconocido que te llevaste el dinero del despacho. He sido un estúpido
por no insistir en verme con a solas.
ERIC: Eso no hubiera
servido de nada
SHEILA: Por supuesto
que no.
SRA. BIRLING: Oyéndoos hablar, casi se diría que queréis ayudarlo a él en lugar de ayudarnos a nosotros. Ahora callaros para que vuestro padre pueda decidir qué es lo que debemos hacer. (Mira expectante a BIRLING)
BIRLING: Sí, claro… Dejarme pensar…(Mientras titubea se oye la campanilla de la puerta principal. Todos se miran alarmados). ¿Quién llama a la puerta?
(Aparece EDNA)
EDNA: Es el señor Croft, ha vuelto ya de su paseo y dice que trae algo importante que decir.
(Se presenta GERALD)
GERALD: Espero que no les importe que haya vuelto.
SRA. BIRLING: Por supuesto que no, Gerald
GERALD: Tenía una razón especial para volver. ¿Cuándo se marchó el inspector?
SHEILA: Hace sólo unos minutos. Nos ha hecho pasar a todos un mal rato…
GERALD: ¿Cómo se comportó?
SHEILA: De modo… sobrecogedor.
BIRLING: La verdad de una manera muy extraña y sospechosa. Tú sabes algo.
GERALD: Ese individuo no era de la policía. Eso es lo que he venido a decirles.
BIRLING: Has hecho averiguaciones ¿verdad?
GERALD: Sí. Calle abajo encontré a un sargento de la policía que conozco. Le he preguntado por el inspector Goole. Me ha asegurado que no hay en el cuerpo ningún inspector Goole.
BIRLING: ¡Un impostor!
SRA. BIRLING: ¿No dije yo, que no me cabía en la cabeza que un verdadero inspector de policía nos hablara de esa manera?
GERALD: Pues estaba en lo cierto. Se han reído de nosotros.
EDNA: Quizás tenía alguna razón importante señora.
(BIRLING muy enfadado se levanta)
SRA. BIRLING: ¿Qué vas a hacer?
BIRLING: Llamar al jefe de policía. Iba a hacerlo de todos modos. He tenido sospechas todo el tiempo. El señor Arthur Birling… Hola, Robert ¿me puede decir si tiene bajo su mando a un inspector apellidado Goole? Entiendo…, sí… eso zanja el asunto… buenas noches. No hay inspector Goole que valga, ese individuo no era inspector de policía.
SRA. BIRLING: He tenido esa impresión todo el tiempo. No hablaba como un policía.
(Aparece EDNA)
EDNA: Es el señor Croft, ha vuelto ya de su paseo y dice que trae algo importante que decir.
(Se presenta GERALD)
GERALD: Espero que no les importe que haya vuelto.
SRA. BIRLING: Por supuesto que no, Gerald
GERALD: Tenía una razón especial para volver. ¿Cuándo se marchó el inspector?
SHEILA: Hace sólo unos minutos. Nos ha hecho pasar a todos un mal rato…
GERALD: ¿Cómo se comportó?
SHEILA: De modo… sobrecogedor.
BIRLING: La verdad de una manera muy extraña y sospechosa. Tú sabes algo.
GERALD: Ese individuo no era de la policía. Eso es lo que he venido a decirles.
BIRLING: Has hecho averiguaciones ¿verdad?
GERALD: Sí. Calle abajo encontré a un sargento de la policía que conozco. Le he preguntado por el inspector Goole. Me ha asegurado que no hay en el cuerpo ningún inspector Goole.
BIRLING: ¡Un impostor!
SRA. BIRLING: ¿No dije yo, que no me cabía en la cabeza que un verdadero inspector de policía nos hablara de esa manera?
GERALD: Pues estaba en lo cierto. Se han reído de nosotros.
EDNA: Quizás tenía alguna razón importante señora.
(BIRLING muy enfadado se levanta)
SRA. BIRLING: ¿Qué vas a hacer?
BIRLING: Llamar al jefe de policía. Iba a hacerlo de todos modos. He tenido sospechas todo el tiempo. El señor Arthur Birling… Hola, Robert ¿me puede decir si tiene bajo su mando a un inspector apellidado Goole? Entiendo…, sí… eso zanja el asunto… buenas noches. No hay inspector Goole que valga, ese individuo no era inspector de policía.
SRA. BIRLING: He tenido esa impresión todo el tiempo. No hablaba como un policía.
BIRLING: Eso cambia las cosas.
GERALD: ¡Por supuesto!
EDNA: En realidad no, los hechos siguen siendo los mismos ¿no?
EDNA: En realidad no, los hechos siguen siendo los mismos ¿no?
SHEILA: (con amargura) Supongo que ahora todos somos personas estupendas, Edna tiene razón.
SRA. BIRLING: (enfadada) Edna no tiene derecho a hablar sobre esto.
BIRLING: Sheila, más vale que te calles.
(EDNA baja la cabeza disgustada)
BIRLING: Sheila, más vale que te calles.
(EDNA baja la cabeza disgustada)
ERIC: Pero tiene razón.
BIRLING: (enojado) En tú caso si que más valdría que te callaras, si de verdad llega a ser un inspector y escucha tu confesión…
SRA. BIRLING: (con tono admonitorio) ¡Arthur cuidado!
BIRLING: (hablando con apresuramiento) sí, sí.
SHEILA: Ya ves, Gerald, es mejor que no conozcas el resto de nuestros delitos y sandeces.
GERALD: Me parece muy bien, no lo pretendía. (A BIRLING) ¿Qué opinión le merece ahora todo este asunto?
BIRLING: Alguien preparó a ese individuo para que viniera a tomarnos el pelo. En esta ciudad mucha gente nos aborrece. Tendríamos que habernos dado cuenta desde el primer momento. En una situación normal creo yo lo hubiera hecho.
SRA. BIRLING: ¡Cómo me hubiera gustado recibirlo cuando llegó! Le hubiera hecho unas cuantas preguntas.
SHEILA: Eso dices ahora...
SRA. BIRLING: Soy la única que no ha cedido. Hemos de estudias este asunto y decidir si debemos hacer algo.
BIRLING: (totalmente de acuerdo) Ya hemos descubierto que ese individuo era un impostor y que hemos sido víctimas de un engaño.
GERALD: estoy convencido de que no.
BIRLING: (sumamente interesado) ¿Lo estás, eh? ¡Bien! (A Eric, que se muestra inquieto) Eric, siéntate.
ERIC: (malhumorado) Estoy bien.
BIRLING: Estás todo menos bien, y no hace falta que te quedes hay de pie como sí…
ERIC: ¿Como si qué?
BIRLING: como si no tuvieras nada que ver, si alguien está metido hasta el cuello en este asunto eres tú; de manera que más vale que te lo tomes enserio.
ERIC: Si el problema es que me intereso demasiado.
SHEILA: También es ése mi problema.
BIRLING: Haced el favor de callaros. Dejádnoslo a nosotros. Las payasadas de ese individuo nos han crispado un poco, pero le hemos desenmascarado. Ahora es nuestro turno…
SEHILA: ¿nuestro turno..., de qué?
SRA. BIRLING: (cortante) De comportarnos como es debido.
ERIC: (Estallando) Ya estáis empezando a fingir que no ha pasado nada, la muchacha sigue muerta ¿no es cierto? Que yo sepa nadie le ha devuelto la vida.
Fuera quien fuese ese tipo, lo cierto es que yo hice lo que hice, y mamá hizo lo que hizo. Y los demás también lo hicisteis. Sigue siendo la misma historia sórdida y da igual contársela a un inspector que a cualquier persona. Yo sigo sintiendo lo mismo que antes y por eso me apetece sentarme y mantener una agradable conversación íntima.
SHEILA: Eric tiene toda la razón. Estáis empezando otra vez a fingir que no ha pasado nada.
BIRLING: No hacéis el menor esfuerzo por entender nuestra posición.
ERIC: (gritando) Yo lo que digo es que la chica está muerta y que hemos colaborado en su muerte… y eso es lo único que importa.
BIRLING: (gritando también y amenazando a ERIC) Y yo digo que o dejas de gritar o te vas (mirándolo con indignación pero hablando con tono repasado). De manera que cállate la boca si quieres seguir aquí.
ERIC: (calmándose, pero con amargura) Me tiene sin cuidado quedarme o marcharme.
BIRLING: Te quedarás para rendirme cuentas del dinero que has robado..,sí, y para devolverlo.
SHEILA: Eso tampoco le devolverá la vida a Eva Smith.
ERIC: Ni tampoco cambia el hecho de que todos hayamos ayudado a matarla.
GERALD: ¿estamos seguros de eso?
ERIC: Claro que lo estamos.
SHEILA: ¿Acaso vas a demostrarnos que no empleaste el verano en esa chica en lugar de venir a verme?
GERALD: Es cierto. Y lo siento Sheila.
SHEILA: Bueno, tengo que reconocer que has salido mejor librado que el resto. Lo dijo el inspector.
BIRLING: (enfadado) No era un inspector.
SHEILA: (acalorándose) Pues bien que nos a inspeccionado. Entre todos empujamos a esa chica al suicidio.
GERALD: ¿Nosotros? ¿Quién lo dice? Porque en mi opinión, las pruebas son poco concluyentes.
SEHILA: Claro que hay pruebas.
GERALD: No, no las hay. Un individuo se presenta aquí fingiendo ser inspector de policía. ¿Y que es lo que hace? Muy hábilmente nos fuerza a confesar que todos hemos intervenido en la vida de esa muchacha.
ERIC: Que es lo que ha pasado.
GERALD: Pero ¿cómo sabes que se trata de la misma persona?
ERIC: Todos hemos reconocido los hechos.
GERALD.: De acuerdo. Todos habéis reconocido algo relacionado con una chica. Pero, ¿cómo sabéis que era la misma? Fíjese en esto, señor Birling. Usted despide a una chica llamada Eva Smith. Lo ha olvidado, pero el falso inspector le muestra una fotografía y entonces la recuerda. ¿No es eso?
BIRLING: Sí, hasta ahí no tiene ninguna complicación. Pero después ¿qué?
GERALD: Después nuestro hombre, sabe que Sheila en una ocasión hizo que echaran a una chica que trabajaba en Milward, y nos dice que es la misma Eva Smith. A Sheila le enseña una fotografía que ella reconoce.
SHEILA: Sí. La misma fotografía.
GERALD: ¿cómo sabes que era la misma fotografía? ¿viste tú la que le enseñó a tu padre?
SHEILA: No, no la vi.
GERALD: ¿Vio tu padre la que el inspector te enseñó a ti?
SHEILA: No, no la vio.
GERALD: No tenemos pruebas de que fuese la misma fotografía y , en consecuencia, tampoco las tenemos de que fuera la misma muchacha. Ahora pasemos a mi caso. Yo no vi ninguna fotografía, recuérdenlo. Me atrapó cuando anunció de repente que esa chica se había cambiado de nombre y se hacía llamar Daisy Renton. Yo caí en la trampa porque había conocido a una Daisy Renton.
BIRLING: Y no nos dio la menor prueba de que Daisy Renton fuese realmente Eva Smith. Tan sólo su palabra, pero también nos dijo que era inspector de policía, y ahora sabemos que mintió. De manera que pudo haber mentido todo el tiempo.
GERALD: Claro que pudo. Vamos a ver, ¿qué pasó después de que yo marchara?
SRA. BIRLING: Yo estaba preocupada porque Eric había salido. Luego, dijo que yo había visto a Eva Smith hacía sólo dos semanas.
BIRLING: Esas fueron sus palabras.
SRA. BIRLING: Y como una estúpida dije que sí que la había visto.
BIRLING: Y yo ahora no entiendo por qué lo hiciste. ¿Dijo llamarse Eva Smith cuando fue a verte al comité?
SRA BIRLING: No, claro que no. Pero como estaba tan preocupada, le contesté como él quería que lo hiciera.
SHEILA: Pero, mamá, no olvides que antes te enseño una fotografía de la chica y que tú la reconociste al instante.
GERALD: ¿Vio alguien más esa fotografía?
SRA. BIRLING: No, sólo me la enseñó a mí.
GERALD: Entonces, ¿no se dan cuenta?, no hay ninguna prueba de que sea la misma persona. Pudo enseñarle la fotografía de cualquier chica que haya acudido al comité en busca de ayuda. Y, ¿cómo sabemos que era realmente Eva Smith o Daisy Renton?
BIRLING: Gerald tiene toda la razón. El tipo ese puede haber utilizado una fotografía distinta cada vez que sin que nosotros lo sepamos. Es posible que todos hayamos reconocido a chicas distintas.
BIRLING: Gerald tiene toda la razón. El tipo ese puede haber utilizado una fotografía distinta cada vez que sin que nosotros lo sepamos. Es posible que todos hayamos reconocido a chicas distintas.
GERALD: Exactamente. ¿Te pidió que identificaras alguna fotografía, Eric?
ERIC: No. Pero está claro que la chica que yo conocí es la misma que fue a visitar a mamá.
GERALD: ¿Por qué está claro?
ERIC: Dijo que necesitaba ayuda porque no quería aceptar más dinero robado. Y la chica que yo conocí me había dicho lo mismo.
GERALD: incluso eso puede no querer decir nada.
ERIC: no entiendo como puedes hablar así cuando hay una chica que va y se suicida. Quizá vosotros podáis quedar al margen sin problemas, pero yo no. Ni mamá tampoco. Nosotros la hemos machacado a conciencia.
BIRLING: Espera un momento. Esa entrevista con tu madre pudo haber sido otro engaño.
ERIC: (indignado) ¿cómo va a ser posible eso? La chica está muerta, ¿no es cierto?
GERALD: ¿Qué chica? Probablemente hablamos de chicas distintas.
ERIC: A mí eso no me importa. La que yo conocí ha muerto.
BIRLING: ¿La que tú conociste? ¿cómo lo sabes?
GERALD: Es cierto. ¿Quién nos asegura que se haya suicidado una chica?
BIRLING: Nosotros celebrábamos una pequeña fiesta y estamos de muy buen humor. Ahora bien, ese sujeto tiene que conseguir que le funcione el truco. Para eso, lo primero que hace es conmocionarnos de tal manera que luego nos dejemos avasallar sin decir esta boca es mía. Así que empieza de inmediato. Una muchacha se ha suicidado...
ERIC: ¡Ya basta!
BIRLING: (con tono triunfal) Ahí lo tienes ya, ¿es qué no lo entiendes? Se ha reído de nosotros ha conciencia.
ERIC: Por mi que se desternille…con tal de saber que ha sido un engaño.
BIRLING: Estoy convencido de que lo ha sido seguro que ni siquiera ha habido ningún suicidio.
GERALD: Podemos llamar al hospital y preguntar.
BIRLING: Va a parecer un poco incómodo llamar a estas horas de la noche..
GERALD: A mi no me importa hacerlo.
SRA. BIRLING: (Recalcando mucho las palabras) Y si no ha muerto…
GERALD: Lo sabremos enseguida. (Va a donde el teléfono y busca el número. Los demás lo contemplan en tensión) ¿El hospital? Mire soy Gerald Croft…, estamos preocupados una de nuestras empleadas creemos que ha ingresado esta tarde y nos han dicho que se ha suicidado bebiendo un desinfectante muy potente… (los demás manifestando sus nervios, BIRLING se limpia la frente, SHEILA se estremece, ERIC cierra y abre las manos...) ¿Está usted seguro?
Eso no ha sucedido… Vale muchas gracias, buenas noches, (Cuelga el teléfono y mira a los demás) Hoy no ha muerto nadie y menos por suicidio hace meses que no ocurre ninguno.
BIRLING: (con tono triunfal) Hay tenéis la prueba de que todo era mentira. Así que Gerald sírvete una copa.
GERALD: (sonriendo) No me vendrá mal gracias.
BIRLING: (dirigiéndose hacia el aparador) lo mismo digo.
SRA. BIRLING: (sonriendo también) Gerald estoy agradecida de que hayas descubierto el asunto con tanta inteligencia.
GERALD: (con la copa) es que como salí fuera pude tranquilizarme y pensar.
BIRLING: (con otra copa y alzándola) Bien, por todos nosotros. Vamos Sheila anímate, ya ha pasado todo.
SHEILA: Ha pasado lo peor. Pero olvidáis que lo que dijimos sucedió de verdad. Y si no ha sido tragedia ha sido porque hemos tenido suerte. Pero podía haber terminado en tragedia.
BIRLING: (Alegre) Pero ahora todo es diferente. Vamos, vamos no me digas que no te das cuenta. (Imita al inspector durante su discurso final) “Todos ustedes han contribuido a matarla” (señalando con el dedo a SHEILA y a ERIC, riendo) Me gustaría que os hubierais visto la cara cuando dijo eso. (SHEILA se dirige hacia la puerta)
¿Te vas a la cama?
SHEILA: (Tensa) Quiero salir de aquí me asusta veros hablar así.
BIRLING: (Sincero) Tonterías, acabarás riéndote de lo sucedido. Más vale que le pidas a Gerald otra vez el anillo, te sentirás mejor.
SHEILA: (Con pasión) Estáis fingiendo que todo sigue igual que antes.
ERIC: ¡Yo no!
SHEILA: Tú, no, pero los demás sí.
EDNA: Ese ha sido siempre un gran error. Actuar como si fuésemos perfectos, como si nuestras acciones no tuviesen consecuencias sobre otras personas. Igual ese "inspector" quería abrirnos los ojos...
ERIC: Ese es el gran problema... (sale de la habitación cabizbaja con todas las miradas en ella)
EDNA: Ese ha sido siempre un gran error. Actuar como si fuésemos perfectos, como si nuestras acciones no tuviesen consecuencias sobre otras personas. Igual ese "inspector" quería abrirnos los ojos...
ERIC: Ese es el gran problema... (sale de la habitación cabizbaja con todas las miradas en ella)
BIRLING: Pero ¿Acaso no es cierto? Hemos sido engañados y eso es todo.
SHEILA: Así que no ha sucedido nada. No hay de que arrepentirse ni que aprender.
Podemos seguir todos igual que antes.
SRA. BIRLING: ¿Y porque tendríamos que dejar de hacerlo? Lo que una criada dice sin permiso...
SHEILA: Te lo voy a decir yo. Lo que ha sucedido no ha sido broma, en aquel momento parecía que aprendíais una lección y ahora ya estáis renunciando, dispuestos a seguir igual que siempre.
BIRLING: (Divertido) Y tú no, ¿eh?
SHEILA: No; yo no porque recuerdo lo que dijo, el aspecto que tenía y lo que me hizo sentir. Y odio veros hablar como lo hacéis.
ERIC: Estoy de acuerdo con Sheila. También a mí me asusta.
BIRLING: De acuerdo id a acostaros.
SRA. BIRLING: Están agotados mañana les parecerá tan divertido como a nosotros.
GERALD: Todo ha vuelto a su cauce ya Sheila, (alza el anillo) ¿qué me dices de esto?
SHEILA: No todavía no. Es demasiado pronto, tengo que pensármelo.
BIRLING: (señalando con el dedo a ERIC y a SHEILA) Mirad esa pareja, tan jóvenes y no saben encajar una broma. (Suena el teléfono, hay un momento de silencio total BIRLING va cogerlo) ¿Si? El señor Birling al habla…. ¿cómo?..Oiga…
(Pero, evidentemente la persona al otro extremo de la línea ha cortado la comunicación. BIRLING cuelga lentamente el teléfono y mira a los demás dominado por el pánico)
BIRLING: Era la policía. Una muchacha acaba de morir… mientras la llevaban al hospital después de haber bebido algún desinfectante. Y un inspector de policía viene hacia aquí…para hacernos unas…preguntas.
(Mientras se miran, enmudecidos y abrumados por la culpabilidad, y mientras EDNA sonríe desde la puerta ahora entreabierta, cae el telón).
FIN
Por Leticia, Emma, Alba, Jessica, Katrin y Elia.
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